Opinión

¿Y tú qué haces? | Vejez, soledad…

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En la vejez, si viven aún en pareja, se limita a un encuentro continuo frente al televisor siguiendo cada canal sin cesar, sin concentración y cero conversaciones.

Sonia Félix Cherit*

La naturaleza del hombre es ser social, según dijo Aristóteles. Aun así, existe la soledad, fiel compañera de muchos voluntaria o no voluntaria.

En la vejez, si viven aún en pareja, se limita a un encuentro continuo frente al televisor siguiendo cada canal sin cesar, sin concentración y cero conversaciones. Los disgustos, el aburrimiento y el máximo de movimientos es ir al baño o a la cocina, es su cada día. No en todos los casos, pero sí en su mayoría.

Algunos quieren estar solos, necesitan su espacio y su tiempo, pero es su decisión.

Algunos matrimonios o bien padres o madres solteras llegaron a creer, que teniendo hijos les darían cuidado, compañía y cubrirían sus necesidades mínimas. Se han llevado el chasco de su vida. Los hijos están muy ocupados, algunos ya de edad adulta aún no salen de la casa materna, no son independientes y esperan que los mantengan.

Los viejos y los enfermos están descartados en nuestra sociedad, son seres inexistentes, borrados e invisibles.

Puede ser que por ahí encontremos entre ellos a algún famoso, que llame la atención y pueda ser descubierto por algún artista, historiador o cineasta y para darse “caché” lo incluya en su obra o producción.

Y para el fotógrafo, ni se diga, entre más arrugas mejor. Su obra concluirá en una verdadera “obra de arte”.

El deber y la obligación de cada persona es mantenerse activo mentalmente y físicamente. Más a partir de los 60 años. Jamás dejarse en el abandono. La creatividad es sin duda la palabra clave para la eterna juventud. La inercia es el camino seguro a la demencia.

La solución para los viejos no es un par de miles de pesos, eso no resuelve ni su alimentación, ni cuidado y mucho menos su renta.

Una buena solución es crear espacios para personas mayores con programas de actividad, salud y alimentación sana. Bien planeados y realizados con esmero. Mantenerlos activos y creativos fortalecerán sus neuronas.

Tendrán el acompañamiento de sus contemporáneos con fines y vidas comunes. La sabiduría de los ancianos es para aprenderse. Debemos conocer y disfrutar de sus historias.

No construyamos más asilos de ancianos, sino hogares felices. Capacitemos a jóvenes para la ayuda especial de aquellos, que por edad o enfermedad no pueden valerse por sí mismos.

Si la máxima aspiración de un ser humano es ser feliz, hagámoslos felices. Los viejos dependen de nuestra sociedad. Necesitan de nosotros para subsistir. Necesitan ser reconocidos y aceptados. Recordemos, que sin nuestros padres y abuelos no estaríamos en este mundo. Lo que tenemos se los debemos a ellos.  No los descartemos, no tiene nada de malo ser anciano es una etapa normal de la vida.

Nosotros mismos apreciemos y aceptemos cada arruga de nuestro rostro y reconozcamos que vamos a hacer ancianos. Debemos edificar una sociedad incluyente y con respeto a todos.

*Activista y feminista contra la violencia contra las mujeres, los derechos de niños y niñas, y la comunidad LGTBIII; promotora cultural independiente en Casa de Engracia y presidenta de la Asociación Civil Sonia Félix Cherit. Síguela en facebook aquí.

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