Opinión

¿Y tú qué haces? | El acoso sin justicia

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Un tipo se sentaba al final de un café, saludaba a todo mundo mientras con internet podía pasar horas y horas mandando pornografía a mujeres, conquistando jovencitas, próximas víctimas, para realizarles fotos.

*Sonia Félix Cherit

El acoso provoca miedo, angustia, intranquilidad y desesperación. Paraliza a las mujeres al ser perseguidas y vigiladas. El hostigamiento las marca y se vuelve una pesadilla. El peor acoso es la persecución en ese momento que estás sola, corres y te vuelves muda.

Toda esto es terrible para cualquier ser humano y más para una mujer. Nos hacen sentir basura y nos obligan a hacer cambios drásticos en nuestro cada día, desde nuestro correo electrónico, número de celular, domicilio, rutinas, trabajo y hasta de ciudad.

Hay dos tipos de acosadores: los impulsivos y los cohibidos. Los activos pasan corriendo, te tocan un seno o una nalga, te gritan majaderías o te susurran palabras obscenas. Unos te toman, te violan y hasta te matan. Los pasivos pueden ser amables, muchas mujeres pueden creer en ellos y confiar. Algunas pueden permitir su amistad, hasta que son hostigadas sin cesar y comienza el terror. Las observan por horas, las llaman o bien las molestan por las redes sociales. Al ser despreciados se enfurecen y peor les va a ellas.

Un tipo se sentaba al final de un café, saludaba a todo mundo mientras con internet podía pasar horas y horas mandando pornografía a mujeres, conquistando jovencitas, próximas víctimas, para realizarles fotos. Las desnudaba y fotografiaba con objetos obscenos, que pudieran darle un toque artístico contemporáneo y atractivo para sus compinches. De pasadita tomaba fotos de su bella ciudad vendiéndolas en serie entrelazando su pornografía. Llegaba a cada sesión de políticos o personajes públicos lanzándose al frente, tomando un sinfín de fotos haciéndose visible; ellas, las fotos le darían la oportunidad de acercarse a ellos y amablemente, regalárselas. Todos le agradecían por las redes sociales y lo nombraban su “amigo”, pregonando su gran labor artística.

Hace mucho tiempo comenzaron las denuncias. Las mujeres le reclaman en su cara y él ignora todo, las desconocía en la calle o en cualquier sitio donde se lo toparan. Otras por temor no decían nada. Él con todo el cinismo decía “Mis redes sociales son hackeadas. Yo no soy”. Hasta, que surgieron las mujeres que intentó violar y las perseguidas en las calles por tal galán. Nada pasó.

Sin denuncia penal no hay delito. Libre corría de Legislatura a Legislatura, de oficina a oficina, tras cualquier político que oliera a dinero para regalar y vender sus series “artísticas”. Lo apoyaron, lo hicieron más atractivo antes sus fieles amigos y hasta Europa fue a parar.

Después de muchos años, se arma el alboroto y él, “el pobre”, teme por su vida, por su obra y su integridad. De mezclilla pasó a “tacuche” y diciendo “Es envidia porque soy guapo y talentoso”. Su descaro es tan extremo como el de cualquier enfermo mental del tipo.

Especialistas en el tema nos dicen: el control y el poder obtenidos al acosar aumenta la autoestima y borra el sentimiento de inferioridad logrando sentir a los otros con menos valía. Cuando su objetivo está cumplido reafirma su aparente sentimiento de superioridad.

Sin denuncia penal nunca habrá justicia.

*Activista y feminista contra la violencia contra las mujeres, los derechos de niños y niñas, y la comunidad LGTBIII; promotora cultural independiente en Casa de Engracia y presidenta de la Asociación Civil Sonia Félix Cherit. Síguela en facebook aquí.

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