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Viviendo de la muerte

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Víctor Castillo

ZACATECAS, ZAC.- Puede ser que, los trabajos más difíciles que desempeña el ser humano, son los relacionados con la muerte, como es el caso de los sepultureros, quienes, en ocasiones, deben dar fortaleza y respeto a los familiares de los muertos a los que depositan en su última morada.

Francisco García Ríos relató a Ecodiario que desde hace 26 años es uno de los enterradores del Panteón de Herrera, todo un personaje conocido en el campo santo que se gana la vida honradamente con la muerte algo que, con el paso del tiempo, se ha convertido en una cosa natural.

García Ríos llegó a este trabajo gracias a que un exsecretario del lugar lo recomendó para ocupar una plaza que tenían libre y aunque consideró que el trabajo era duro porque implica un gran esfuerzo físico para cavar las tumbas, no se negó.

“Un compañero me dijo que me viniera a trabajar aquí, estaba de secretario y dije si hay chanza pues nos vamos a chambear y ya voy a ajustar 26 años, de hecho él viene, me lo encuentro cuando viene a ver a sus familiares y me dice eso, así me gusta recomendar gente para que dure”.

El sepulturero que mide, aproximadamente 1.60 metros y está cercano a los 70 años, cuenta que recuerda muy bien el primer servicio realizó, que fue difícil porque lloró junto con los familiares del difunto porque sentía su dolor.

A lo largo de estos 26 años de servicio en el Panteón de Herrera, recordó que una vez se quedó paralizado del miedo, casi iniciando su labor como sepulturero, porque vio un par de bolas de fuego rodeadas de un remolino, que hasta la fecha, no sabe qué fue.

“Alguna vez me asusté, iba para allá adentro, eran las 12 de la noche y de repente se soltó un remolino y me aventaron, ya no pude moverme, lo que quería era salir, entonces vi dos bolas de lumbre, una atravesó para la derecha y otra para la izquierda y nunca vi que botaran en el piso y ya cuando pude moverme fui a ver que había y no había nada”.

Francisco García compartió que en varias ocasiones ha escuchado lamentos cerca de las 6 de la mañana, cuando regularmente hay dos personas en el panteón, al tener la idea de la compañía de un mortal y percibir los ruidos macabros, no hace caso y sigue con su trabajo.

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