Opinión

Una Colorada (vale más que cien descoloridas) | Reflexionar o evadirse

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¿Sirve de algo escribir los detalles de la actividad de una joven sueca que sale de pinta –con el conocimiento de su familia, por cierto- todos los viernes buscando un futuro menos riesgoso para su generación?

Ana Lilia Cisneros*

¿De qué escribir? ¿Hacerlo como la que cantaba solo por cantar? Esas son las dos cuestiones que a menudo cruzan la mente de quienes pretendemos reflexionar y, además, compartir con otros el resultado de nuestros pensamientos. Esta última semana estuvo plena de temas: el derrumbe de un edificio en África -¿falta de mantenimiento, defectos de la construcción, sobrepeso de las instalaciones?- quedando cientos de personas, la mayoría niños escolares, sepultados; la locura de un fundamentalista blanco en nueva Zelanda que en pocos minutos superó el número de homicidios en un año; la caída de otro avión, que suma a decenas de personas fallecidas aun cuando uno de los baluartes de este tipo de trasporte era su mayor seguridad que la de los automóviles; la decisión casi universal de condenar a la empresa fabricante del boeing 737Max y lo que significan las guerras comerciales.

Pero si acaso no deseamos hablar de tales accidentes, el tema climático, nos da mucha tela de donde cortar: Todavía no nos reponemos de la tragedia de California con la pérdida de miles de hectáreas de bosque, decenas de viviendas y muerte de personas cuando ya estamos viendo los efectos del fuego en Australia, España, Chile, Jalisco y hasta Xochimilco.

La locura de tener en una misma época climática y a solo pequeña distancia casi conviviendo el frío con el calor abrumador, como ocurre en México con la nieve en Chihuahua, y el sofocante sol en Campeche y esa zona del sureste; el deshielo acelerado en los polos y las altas cumbres del planeta; y tantos otros efectos locales que dejan desolación y muerte lo cual preocupa a miles de jóvenes –entre 13 y 25 años- que como en Reino Unido, Bélgica o Francia salen a protestar y exigir que se haga algo, para detener el aumento de ciclones, tsunamis y toda suerte de embates derivados del caos climático.

¿Sirve de algo escribir los detalles de la actividad de una joven sueca que sale de pinta –con el conocimiento de su familia, por cierto- todos los viernes buscando un futuro menos riesgoso para su generación? ¿Conversamos con nuestros nietos acerca de los cuidados que deben practicar en la eventualidad de un ataque –en su escuela o el antro- con armas de alto calibre lo mismo en los Estados Unidos que en cualquier ciudad de Europa?

Para quienes hemos caminado en el planeta siete décadas, el recuerdo de Malcom X asesinado en 1965; los miles de activistas de la reivindicaciones que él enarboló, cooptados por la distribución de droga en los barrios de NY; y hasta los relatos de padres y abuelos que vivieron la segunda guerra, son apenas una historia lejana que a las nuevas generaciones poco les dicen frente a la posibilidad de una hecatombe mundial tan o más peligrosa que la misma bomba atómica.

La época nos permite reflexionar acerca de lo que significa el miércoles de ceniza o la cuaresma en una realidad en la cual conviven los excesos de carnavales plenos de anti-valores criticados por una iglesia que ha mucho tiempo de distancia se reúne para disertar y buscar castigo o salidas dignas de los pecados graves –como pederastia, hipocresía, vanidad y hasta corrupción para ascender en la burocracia eclesiástica- cometidos por los responsables de su propia estructura.

Que esta reflexión alcance a denominaciones diversas a la católica, en un mundo que por razones válidas generalizó la separación de las cuestiones del Estado y la iglesia, sería un tema válido aun para ateos con cierto grado de cultura y madurez que evitan hacer de esto un ataque al presidente Trump y su obsesivo muro.

Pero ¿vale la pena escribir de ello? ¿Será mejor analizar las contradicciones por la refinería de dos bocas? ¿Le interesa al mexicano de hoy la expropiación petrolera que hizo el presidente Lázaro Cárdenas o está disfrutando del puente vacacional inventado para ir a una playa abandonada por los turistas extranjeros asustados por la propaganda en contra de México?

No me quiero imaginar una consulta al pueblo bueno y sabio al cual se le pregunta lo mismo de aspectos migratorios, que de la forma de instrumentar cuestiones jurídicas los cuales a final de cuentas serán resueltos por magistrados que más allá de su relación marital, tienen en su haber resoluciones sesgadas –una de las propuestas alguna vez afirmó “tienen razón los ciudadanos pero no voy a resolver en contra de un funcionario que me paga y que puede ser presidente”- o una actitud de simpatía que llega casi al punto de la sumisión irracional. ¿Qué harán cuando ese pueblo se canse de tanta hueca alabanza?

Lo cierto es que he llenado de tinta estas cuartillas, con algo de temor por el aumento de los homicidios y los embates –aumento seleccionado en el costo de servicios, problemas con la pensión, ataques en redes- en contra de periodistas y comunicadores que de verdad creíamos en la libertad de expresión y que no dábamos lugar a emociones provocadas por caídas de aviones, coches de vehículos accidentados por usar el carril de contraflujo indebidamente o criminales de cualquier calaña dispuestos a robar, matar o violar solo para obtener unos cuantos pesos o algo de influencia.

Y así como han escrito muchos especialistas, creo que estoy a un paso de ingresar a las filas de los prudentes, es decir, evadirse a seguir luchando por causas con pocas posibilidades de éxito frente a una realidad donde “miedo mata libertad de expresión” cuando se encumbran los autoritarios que se valen del esta emoción para dominar a sus gobernados aun cuando el costo sea la carencia de alimentos, medicamentos y todo lo que siendo fundamental se había logrado a lo largo de décadas de paz y verdadera democracia y sabiduría.

*Escritora

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