Cultura

Quinta visita | Templo de Santo Domingo, un encuentro con la vida colonial

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Texto: Dara Vilchis

Fotos: Édgar Robledo

ZACATECAS, ZAC.- El templo de Santo Domingo posee innumerables leyendas populares y se caracteriza por su gran valor histórico de tradición católica.

Ubicada en el Centro Histórico, esta iglesia que hoy se conoce comenzó a edificarse en 1746 y se consagró hacia 1750. Originalmente, sacerdotes de la orden jesuita disfrutaron de este inmueble por 17 años, pero después fueron expulsados del nuevo territorio conquistado.

De acuerdo al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INHA) la iglesia actual no corresponde a la edificación original, pues el templo antiguo data de 1616.

La iglesia permaneció 20 años abandonada hasta que los dominicos la ocuparon, por lo que es conocida como Santo Domingo, según la reseña de la dependencia federal. Fue en 1785 cuando esta orden tomó posesión del templo.

Actualmente, sus pisos de madera, retablos y recubrimiento en oro hacen de este inmueble una joya y orgullo arquitectónico de Zacatecas.

Entre los retablos dorados destacan el del altar mayor, de la Inmaculada Concepción, así como otros altares dedicados a San Ignacio de Loyola, San Sebastián, Nuestra Señora de la Luz, San Francisco Borja, Nuestra Señora de los Dolores, San Francisco Javier y Nuestra Señora de Loreto, por mencionar algunos.

El antiguo templo de la Compañía de Jesús ha sido intervenido en diversas ocasiones para su conservación ante el deterioro. Los trabajos de rehabilitación más destacados, en la nave oeste y parte central del templo, permitieron el hallazgo de momias.

Tal como explica el historiador Bernardo del Hoyo, esta iglesia ha tenido a lo largo de la historia variadas obras de remodelación; por ejemplo, en 1863, cuando se creó el Obispado de Zacatecas, la parroquia mayor se nombró Catedral, posteriormente ermita de San Sebastián, Templo de la Compañía de Jesús o Parroquia del Sagrario.

Hace casi una década que el descubrimiento de momias en el piso del antiguo templo dio origen a leyendas, aunque la verdad es que mostraron un pedazo de la historia que ahí se guarda.

En total se realizaron 43 inhumaciones primarias de restos que fueron enterrados poco después de haber fallecido. Además, por las condiciones del suelo y sequedad se lograron rescatar 20 entierros momificados, entre niños y adultos.

Uno de los restos que más llamó la atención fue la del niño Luis Rivero, de 5 años, que murió el 12 de mayo de 1844 de fiebre escarlatina.

Dichas intervenciones no solo ayudaron a la conservación del inmueble, sino que fueron un acercamiento a la vida de la sociedad del México colonial.

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