Opinión

Pasión por el fútbol | El deporte forja el carácter

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El vínculo entre actividad deportiva y virtudes morales merece una reflexión…

José Ortega*

Desde los santiguos filósofos griegos hasta el barón de Coubertin, se ha escrito que la practica deportiva, cuando se realiza con asiduidad y disciplina, forja el carácter.

En múltiples tesis, tesinas y programas de investigación se ha demostrado como a través de la actividad deportiva los niños y los adolescentes aprenden determinados valores, adquieren buenos hábitos, es decir, virtudes, con lo cual parece evidente que esta actividad contribuye a la formación moral de la persona.

Estamos hablando, pues, de una actividad que permite descubrir valores, que activa virtudes, hábitos perfectivos que mejoran globalmente al ser humano. De ahí la intención que debe merecer el deporte en los programas formativos.

El vínculo entre actividad deportiva y virtudes morales merece una reflexión. El deporte enseña, estimula capacidades mentales y emocionales, desarrolla la inteligencia, la memoria, la imaginación y la voluntad, pero, además, activa buenos hábitos, los cuales, en la medida en que se repiten, forjan el carácter y hacen mejores personas.

Estamos hablando de virtudes, de como el deporte, correctamente ejecutado, es una valiosa herramienta para mejorar al ser humano, para hacerlo mas virtuoso.

La virtud no es don natural como lo es la inteligencia, porque uno puede perderla; es un merito que se adquiere con el tiempo. Uno no nace virtuoso; nos hacemos virtuosos a lo largo del tiempo. La virtud (virtus) es un hábito y, por lo tanto, se adquiere como un oficio o una profesión, por repetición.

La virtud se adquiere a través de la acción, es nadando que uno aprende a nadar; es corriendo que uno aprende a correr; es haciendo acciones justas que uno puede ser justo. Como todo habito, la virtud no solo no es lo que uno sabe hacer; también es lo que uno ama hacer. Lo que atestigua la autenticidad de la virtud es el placer que uno tiene cuando la practica.

Esta idea de la virtud como punto equidistante entre el exceso y el déficit tiene mucha relevancia en la vida deportiva. El buen deportista trata de evitar siempre los extremos y busca ese justo medio porque sabe que eso es beneficioso para su ser y también para su equipo.

Si se extralimita en un ejercicio, puede lesionarse y si cae él, eso tendrá consecuencias para su equipo. El deportista virtuoso solo arriesga cuando es necesario y las circunstancias lo exigen. Es distinto jugar una final que jugar un partido amistoso.

El deporte tiene esta dimensión artesanal y creativa que permite el ejercicio de la libertad responsable del deportista. Esto lo obliga a deliberar, a tener que hacer elecciones sobre la marcha sin poder detenerse. Muchas veces tiene que tomarlas en pocas fracciones de segundo, en plena competencia, sin poder ponderar suficientemente lo mas acertado, pero sus acciones tienen consecuencias no solo para él, si no también para su equipo y, a veces, a largo plazo.

A través de la práctica deportiva se adquieren un sinfín de buenos hábitos o de virtudes que esculpen el carácter de los deportistas. “el deporte -dice el papa Francisco- es un camino educativo.

*Escritor, entrenador y líder masters coach en futbol y ciencias aplicadas al deporte.

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