Opinión

Las diferentes caras del delito | La “bendita” evaluación poligráfica Parte II

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El quería que sus tres hijas estudiaran, pero la situación económica no se lo permitiría a ese ritmo de ventas.

Ana Cecilia Flores*

… Recuerdo su físico: baja estatura, moreno, ojos pequeños, claros y rasgados. Muy amable y con acento étnico.

Desde el principio la interacción fue buena, el señor mostraba genuina humildad y un sentimiento de servicio que pocas veces se ve. Hablamos sobre su familia, su trabajo, su pasado y su conducta.

Me contó que venía de una sierra, donde meses antes, él y su familia, se dedicaban a vender artesanías hechas con chaquira. Realizaban hermosas obras de arte que, para su infortunio, nadie compraba afuera de las iglesias, en las calles del municipio o el kiosco en el que llegaban a ofrecer.

Él quería que sus tres hijas estudiaran, pero la situación económica no se lo permitiría a ese ritmo de ventas. Por lo que, a pesar de tener solo la primaria y un temor por tan siquiera pensarlo, acudió a la Comandancia de Policía a preguntar por alguna vacante: Sí hay, solo necesita traer su documentación y aprobar los exámenes de confianza.

El examen que le estaba practicando era el de permanencia, su ingreso había sido limpio.

Ese día tuvimos una plática muy amena. En todo momento el señor se mostró abierto y cooperativo, sabía qué era lo que se esperaba de él en ese cubículo. Ya solo restaba conectarlo al instrumento para poder corroborar que todo lo que había dicho era verdad.

Se corren las gráficas y ¡oh, sorpresa! Detección técnica (sí, me había mentido).

Ser poligrafista no significa ser inmune, de verdad habíamos hecho empatía y sentí algo de desilusión. Regresé al cubículo, sus ojos y postura lo delataron inmediatamente. Sabía que yo lo sabía, pero también sabía que no me lo diría.

Pero ese era mi trabajo y me puse manos a la obra.

Minutos después, lo contó:

“Licenciada, es que nos amenazan”.

No era nada nuevo, desafortunadamente aún no lo es y eso es otro de los “pequeños detalles” de dicha evaluación. Esto ocurre a diario, en algunos puntos críticos de nuestro país. A eso se enfrentan nuestros elementos.

Al resto de la ciudadanía nos puede parecer muy fácil criticar el trabajo policial, pero las condiciones bajo las que desempeñan sus funciones, sólo ellos las sufren.

Remuneraciones que no van de acuerdo con las largas jornadas laborales, que incluyen amplias guardias y operativos. Padecimiento de falta de personal por falta de recurso asignado al sector. Falta de equipo táctico o capacitación para todo tipo de situaciones a manejar. Falta de incentivos y en algunos casos, incluso la desconsideración hacia con el policía que no es más que un ser humano como cualquiera.

Y aunado a eso, el tener que enfrentarse a situaciones como las que vivió aquel policía cuando alcanzaron su vehículo en circulación, con su hijo y su hija con él, en dirección a la escuela.

No hay justificación. Pero lo crudo de dicha evaluación, es la ponderación que se le da a pesar de la realidad que atraviesa el país en cuestión de inseguridad, la cual nos queda bastante clara con casos de desmembrados dejados en bolsas negras, secuestrados o colgados sin vida en puentes en la madrugada.

Los exámenes de confianza diagnostican, juzgan y castigan como si estuvieran en un país que no es México.

*Maestra en Política Criminal, incansable ambientalista, amante de los libros y su olor.

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