Opinión

La seguridad y la nación | La gran deuda del Estado

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“No sólo perseguimos al crimen, lo señalamos, lo satanizamos, lo condenamos y aceptamos que los mecanismos de ley recaigan con todo su poder.”

Hugo Rafael Sánchez González*

Ante la creciente ola de violencia que azota a México, con las acciones ciudadanas cada vez más grotescas no solamente hacia las autoridades, si no también ante la propia ciudadanía, considero pertinente hacer un alto en el camino para hacer algunas reflexiones.

La importancia de una correcta impartición de justicia como efecto para prevenir el delito puede ser muy eficaz, puede llevar a la cárcel a un delincuente atendiendo a la justa dimensión de sus actos y con la pena que realmente merezca; sin embargo, a últimas fechas hemos observado que las personas que cometen delitos cada vez son de menor edad.

Nuestros jóvenes están volcando e involucrándose en la delincuencia, que les arrebata toda posibilidad de tener sueños, de tener proyectos, de idealizar una vida, esa delincuencia que nos los arrebata de los brazos coartando toda posibilidad de esperanza, esos jóvenes deseosos de identidad, con toda esa energía, ímpetu, aunque también inestabilidad emocional, tristemente hoy optan por engrosar las filas delincuenciales, y es precisamente en este punto donde me pregunto: ¿Dónde está el Estado llenando esos vacíos sociales?

Recriminamos y achacamos a la falta de valores, de principios que se han perdido, pero no sabemos si esos jóvenes tienen hambre, si caminan en la espesa neblina buscando quien les tienda la mano, aunque no siempre esa mano sea la indicada. ¿Dónde está el Estado para potencializar esos talentos? ¿Para canalizar esas energías? ¿Para llevar a México a lugares donde no lo hemos logrado a través de nuestra juventud?

Sí, es cierto, cuando cometen un delito queremos un castigo ejemplar y que todo el mecanismo de justicia recaiga sobre ellos, pero nunca nos detenemos a pensar cuáles fueron esos vacíos que propiciaron que sus opciones fuesen tan pocas, y tan malas, que cuando estaban solos no los volteábamos a mirar, señalemos al único responsable entonces: el Estado.

*Especialista en seguridad pública, instructor certificado en derechos humanos por el CICR. Licenciado en derecho. Contacto: silverado_hr@hotmail.com

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