Opinión

La Familia | La familia como institución que custodia valores

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Los padres, muchas veces, y más en estos tiempos, tendemos a callar temas importantes por una falsa prudencia: por respetos humanos, porque ya no se usa o porque nos da miedo que nos tachen de “anticuados, intolerantes, persignados o mochos”.

Susana Sánchez*

Debemos recordar que el núcleo familiar representa el sitio donde se custodian y se ponen en práctica los valores, donde no deben existir verdades a medias, ocultamientos o relativismos que dañen a los que formamos parte de ella.

La defensa y protección del núcleo familiar es esencial en nuestros tiempos ya que de ello dependerá el futuro de nuestra sociedad, pretender cambiar su naturaleza implica todo un proceso de desprotección, pues tenemos claro que la principal función de la Familia es la protección de las relaciones familiares (obligación de los padres hacía los hijos y viceversa) y no del reconocimiento de afecto entre dos personas.

Es por ello muy importante que dentro de la familia hablemos siempre con la verdad, estando abiertos a los puntos de vistas de todos, sin juzgar, aceptando a todos como seres humanos que son, pero sin solapar conductas inadecuadas, faltas de educación, violencia, perversiones o pérdida de valores que permitan tolerancias mal entendidas, no todo se puede dejar pasar, esto solo confunde y denigra a la persona.

Los padres, muchas veces, y más en estos tiempos, tendemos a callar temas importantes por una falsa prudencia, por respetos humanos, porque ya no se usa o porque nos da miedo que nos tachen de “anticuados, intolerantes, persignados o mochos”.

Pretendemos hacernos “amigos” de nuestros hijos y toleramos comportamientos inapropiados por tratar de ser modernos y buena onda con ellos, nada más desfavorable; para nuestros hijos nosotros debemos ser autoridad y confianza, hay que hablar de temas complicados con ellos y darles luces para ser puerto firme donde ellos puedan anclar con firmeza. No podemos ser veletas que cambian de opinión según la época, la moda o el qué dirán.

Incluso podemos caer en el extremo de poner en riesgo la integridad física, emocional o moral de nuestros hijos por no tocar temas “delicados” que nos compliquen la vida tales como las adicciones, los vicios, las malas compañías, el noviazgo, la sexualidad o los ataques a la familia. Una cosa es el respeto y otra muy distinta la promoción de conductas que van en contra de los valores que buscamos inculcar.

Un remedio eficaz para no equivocarnos lo podemos encontrar en el respeto, este se basa en la idea de que todos tenemos limites que no deben ser transgredidos por los demás. Es correcto lo de “cada uno es como es” pero siempre y cuando la acción de unos no dañe a los otros o los invite a tener el mismo comportamiento.

Por lo general, cuando no respetamos nos imponemos a los demás y, por ende, dañamos su individualidad.

*Maestra en Educación Familiar.

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