Opinión

La Familia | La ausencia familiar (segunda parte)

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“El pequeño mundo de la niñez con su entorno familiar es un modelo del mundo.  Cuanto más intensamente le forma el carácter la familia, el niño se adaptará mejor al mundo” Carl Gustav Jung

Susana Sánchez*

Comentábamos la semana pasada sobre las consecuencias que genera la ausencia familiar y sus repercusiones en la estabilidad emocional y psíquica de quienes la viven, recordemos que esta ausencia, ya sea por elección o por necesidad, cobra factura y muchas veces los que la viven requieren de sucedáneos que suplan esa falta de presencia de los padres, ya sea ésta por abandono, muerte de los padres o por negligencia, rechazo o maltrato significados como ausencia de afecto, atención o cuidados.

Nos debemos cuestionar sobre cuáles son los recursos con los que los hijos están contando para hacer frente a las exigencias del medio social, salir adelante con sus proyectos de vida y lograr un bienestar propio, ya que la ausencia no necesariamente implica el padecer por siempre y dejar huella.

En muchas ocasiones, los hijos buscan fuera de casa lo que no encuentran en ella, como el amor, la identificación, el cariño, la comprensión, la empatía o el apoyo. Estos sucedáneos pueden ser positivos o negativos, veamos cuáles pueden ser algunos de ellos.

Dentro de los recursos negativos a los que pueden acceder los hijos que no viven la presencia de sus padres podemos hablar de las malas amistades, los vicios, las relaciones sexuales a temprana edad o la búsqueda de personas afines que tengan agrupaciones como tribus urbanas. Recordemos que ante la falta de identificación familiar es más probable que sus miembros busquen esa pertenencia en grupos diversos o pueden buscar modelos ajenos a su tipo de vida o costumbres que no necesariamente tienen que ver con su entorno.

Positivamente hablando, algunos de los recursos alternativos a la familia que se tienen para hacer frente a estas ausencias, hacer frente a la realidad y salir adelante son sin duda las ayudas de acompañamiento a nivel personal o institucional que apoyan y procuran satisfacer esa necesidad, desarrollando una sana autoestima, autonomía, solidaridad y felicidad.

Podemos entonces hablar de la resiliencia como el primer factor que ayuda a superar carencias afectivas, también existen recursos psicosociales que atienden a las diferentes relaciones que se dan; la autoestima, apoyo social, amistad, creación temprana de una familia propia, dedicación a algún deporte o al trabajo con más ahínco son algunos ejemplos.

También es posible encontrar recursos positivos externos, como el deporte, las artes y la escuela, que permitan a los jóvenes fortalecerse frente a la adversidad.

No obstante, debemos procurar siempre estar presentes en la vida de los nuestros hijos para no tener que echar mano de todos estos recursos, es el cariño y la disposición permanente de los padres lo que mejor dará resultado a la hora de formar hijos felices.

*Maestra en Educación Familiar.

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