Opinión

La Familia | El ejemplo en la familia

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“Lo que haces no me deja oír lo que dices”, dicho popular.

Susana Sánchez*

Los padres deben ser para sus hijos los primeros educadores mediante la palabra, pero, sobre todo, mediante el ejemplo.

En la tarea educativa, el ejemplo de los padres es factor primordial, esta supone una exigencia personal de autodominio y responsabilidad enormes. La lucha diaria de los padres en adquirir y mejorar las virtudes humanas que desean para sus hijos tiene como características principales el manejo de las emociones, una conducta irreprochable, pero, sobre todo, mucho amor.

Los padres hemos de sentir y ser conscientes de la gran responsabilidad de dar un buen ejemplo a los hijos dentro de un ambiente familiar alegre, sano y propicio para desarrollar los talentos de cada uno de los que componen el núcleo familiar.

Dentro de la familia todos tenemos buenos y malos ejemplos, la libertad de cada persona nos hace seguir el que queramos, que no necesariamente el que más nos conviene, aunque es bien sabido que un mal ejemplo puede llevar a cualquiera por un camino equivocado del cual es muchas veces muy difícil salir; por el contrario, un buen ejemplo marca la pauta de un comportamiento virtuoso que nos haga querer ser mejores seres humanos.

El ejemplo nos ayuda a aprender juntos con mayor facilidad la recta jerarquía de las cosas, dándole su justo lugar a los acontecimientos que suceden y siendo muy sensibles a las necesidades de cada uno.

Dentro del ejemplo, debemos contar con que los papás también fallamos muchas veces, y entonces, el ejemplo consistirá en rectificar, ceder, reconocer nuestros y defectos que incomodan e impiden una sana convivencia e incluso pedir perdón y darnos cuenta de que no siempre tenemos la razón. Entre las virtudes que más admiran los hijos de sus padres se encuentra entonces, la humildad.

La entrega a la familia -de la que ya hemos hablado en otras ocasiones- requiere con mucha frecuencia de actos de humildad, estar dispuestos a poner los medios para corregir defectos que repercuten negativamente en la vida de familia son necesarios, entre otros: saber callar a tiempo para disminuir tensiones, ser pacientes y comprensivos, ceder ante los gustos de los demás por generar un buen ambiente de familia, etc. son buenos ejemplos.

Una actitud humilde sirve para evitar que la soberbia perturbe la paz y alegría de nuestro hogar.

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