Opinión

La Familia | Educar en la integridad

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“Tu integridad es tu destino… es la luz que guía tu camino”.

Heráclito

Susana Sánchez*

En su definición técnica, la integridad es la condición de un individuo u objeto de mantener todas sus partes juntas. Lo que a nosotros nos atañe, más que lo físico es la condición de ser de una pieza en valores y convicciones.

Es decir, se puede afirmar que una persona es íntegra cuando actúa de acuerdo a las ideas que siempre ha manifestado y que son válidas universalmente. Esto significa que una persona es confiable.

En numerosas ocasiones he hablado de la importancia de formar en virtudes a nuestros hijos para que sean personas integras, sin embargo, hasta ahora he caído en la cuenta que no he hablado de la virtud de la integridad como tal, lo cual es necesario para fundamentar muchos de mis consejos y participaciones a lo largo de tres años.

Como padres, tenemos la obligación de reforzar los valores familiares de actuar siempre con la verdad. Esto implica que, dentro de las reglas de convivencia, se mantenga la integridad, el honor, la justicia, la equidad y el respeto a los individuos como normas dentro y fuera del hogar. 

¿Cuánto cuesta formar en la integridad? Mucho, muchísimo. Para empezar, tenemos que trabajar en nosotros mismos para dar ejemplo de integridad, para corregir nuestras propias fallas y para aguantar las ganas de no ser rectos cuando existen oportunidades de hacer las cosas de manera chueca.

También tenemos que observar con cuidado y detenimiento la evolución de nuestros hijos en su diario actuar, fomentarles no sólo sus triunfos sino especialmente su esfuerzo. Cuando el premio a los hijos es sólo por los resultados y no por los procesos que estos generan, se crea una convicción maquiavélica sobre la justificación del fin sin importar los medios a utilizar. Esto lleva a conductas como: resaltar en las calificaciones académicas, impactar en proyectos o ganar a como dé lugar mandando a segundo plano la honestidad.

Debemos poner especial atención en una educación con un marco ético y la acción honesta de quienes somos los encargados de educar a nuestros hijos, estos puntos son clave y de mayor valor que cualquier discurso.

Enseñarles a los hijos la importancia de la palabra dada, el prestigio personal al que todos tenemos derecho, a cuidar nuestra reputación, además de nuestra integridad física, moral y espiritual, de manera que nunca se encuentre en riesgo por nuestras propias acciones. Es importante que todos seamos responsables, mostrando justicia en cada aspecto de nuestra vida.

Ser íntegro es decirme la verdad a mí mismo, actuando en consecuencia.

El desarrollo pleno de los seres se fundamenta en los valores, la actitud moral y el impacto siempre en el bien social. Es momento de invertir más en las personas e impulsar a que logren la mejor versión de sí mismas. Como nos enseñaron nuestros padres: cuidar tu nombre y el valor de tu palabra como garantía de tus acciones.

*Maestra en Educación Familiar

*Las opiniones plasmadas en las colaboraciones son responsabilidad de cada autor, así como su estilo de escritura. Ecodiario Zacatecas sólo es una plataforma digital para darlas a conocer a sus lectores.

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