Opinión

Hablemos de Seguridad… y algo más | Una vista a la historia (La Toma de Zacatecas)

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La enorme riqueza existente en el subsuelo de estos cerros, entre los que quedó fundada la hermosa ciudad capital de Zacatecas…

Diego Varela de León*

La vetusta y señorial ciudad de Zacatecas, declarada por la Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad, representa orgullosamente uno de los emblemas más sólidos de la mezcla de dos razas, la mexicana y la española.

La tozudez característica del español y la valentía aguerrida de los zacatecos y caxcanes, produjeron en esta viril región de tierra colorada y vientos fríos que parten las mejillas, uno de los rincones patrios más importantes de la época colonial de nuestro país.

La enorme riqueza existente en el subsuelo de estos cerros, entre los que quedó fundada la hermosa ciudad capital de Zacatecas, ejerció una importantísima atracción entre los principales españoles que traían consigna de explorar, dominar y explotar las prometedoras tierras de la nueva España para ponerlas bajo el dominio de la corona española.

La explotación de las minas que se encuentran bajo la ciudad, requería de una gran cantidad de obreros que en ocasiones resultaba bastante difícil reclutarlos, el capturar algunos de ellos y obligarlos al trabajo y a otros más convencerlos por medio de comida y una mínima parte de lo explotado de las minas, se conseguía por parte de los españoles una gran fuerza de trabajo.

Fue así que mediante la explotación minera y por ser Zacatecas paso obligado hacia la colonización del norte del país, atrajo a muchos españoles que sentaron sus reales en esta región generando una gran cantidad de trabajo y con él enormes tesoros que fueron enviados a la corona de España y que a la vez las partes correspondientes a las fortunas personales de los propietarios de las minas zacatecanas quedó, también expuesta de manera perenne, en la hermosura clásica y churrigueresca de su sin igual arquitectura, expresión de los artistas cantereros que transformaron en obras de arte la rosa cantera de nuestro suelo.

Este magnífico enclave de gentes, plata y cantera, produjo en el devenir de los años el excelente binomio de cultura y belleza, que resulta sumamente atractivo para el turista exigente el conocer y disfrutar, así como el experimentar  un éxtasis de los cinco sentidos que lo obliga gustosamente a regresar para vivir en el tiempo su esplendoroso pasado y el exquisito y fino equilibrio entre ese ayer y el modernismo tecnológico de hoy, impregnados de ese inconfundible olor  y sabor de nostalgia zacatecana que, de día o de noche, nos ofrece puntualmente bajo cualesquiera de las estaciones la magnificencia de su imponente señorío, la muy noble y leal ciudad capital de Zacatecas.

La Toma de Zacatecas

El primer jefe del Ejército Constitucionalista, don Venustiano Carranza, giró órdenes a la División del Norte, para que marchara sobre Saltillo, Coahuila.

Inició el avance sobre esta plaza el día 11 de mayo,  y el 20 del mismo mes, tomó la plaza al mando de su comandante en jefe, el general Francisco Villa. Con esa victoria, el norte del país, quedó absolutamente controlado y en manos del constitucionalismo.

A don Venustiano, no le agradaba el poderío que estaba acumulando El Centauro del Norte. Su prestigio y fama de estratega se incrementaba enormemente con las victorias de la División del Norte, por eso cuando Domingo Arrieta  y Pánfilo Natera, le aseguraron que podrían tomar Zacatecas con los 6 mil hombres que tenían, Carranza, a pesar de lo inseguro del proyecto, lo autorizó, pretendiendo restar importancia  a Villa.

Venustiano Carranza  ordenó a Villa que le enviara a Natera 5 mil hombres de la División del Norte, para que fungieran como apoyo  de la llamada primera División del Centro, comandada por Natera, pero sin que el propio Villa tomara parte en la batalla.

El General Villa experimentó uno de sus mayores disgustos  y en respuesta a esa disparatada orden, le envió al primer jefe, un telegrama el día 12 de junio de 1914, manifestándole que lo conveniente, era que él y toda la división avanzaran sobre la plaza de Zacatecas  para asegurar el éxito.

Carranza contestó negativa y tajantemente, reiterándole su orden anterior, lo que provocó el carácter irascible de Villa, empleando violencia verbal en el intercambio de telegramas.

El General Francisco Villa respondió a Carranza que no estaba dispuesto por ningún motivo  a fraccionar su fuerza para sacrificarla en una empresa mal planeada; incluso le advirtió, que primero  renunciaría antes que ordenar tal cosa.

El 13 de junio, Carranza aceptó su renuncia y ordenó a los generales de la División del Norte que se reunieran y eligieran un nuevo general  en jefe.

Durante todo ese día, se cruzaron varios telegramas entre el primer jefe y los generales, produciendo esta inflexibilidad de Carranza, el rompimiento total. Los generales de la División del Norte, no estaban dispuestos por ningún motivo  a aceptar otro comandante en jefe de la división que no fuera el general Villa y acusaron a Carranza de tratar de aplicar medidas impolíticas, anticonstitucionalistas y lo que es peor, antipatrióticas, máxime por los riesgos del momento que se estaba  viviendo en el país y por tener la oportunidad de culminar la lucha armada con el triunfo definitivo de la revolución, solidarizándose con su comandante en jefe de la División del Norte, el general Francisco Villa.

Para el efecto, firmaron un documento los siguientes generales: Maclovio Herrera, Máximo García, Felipe Ángeles, Mateo Almanza, Tomas Urbina, Trinidad Rodríguez, José Isabel Robles, Martiniano Servín, Eugenio Aguirre Benavides, Orestes Pereyra, Toribio Ortega, Rosalio Hernández y  Severiano Ceniceros.

Carranza interpretó este acto como una insubordinación colectiva y como sabía que el autor del mensaje en cuestión, era el general Ángeles, ordenó su destitución inmediata como subsecretario de guerra, argumentando y acusándolo de ser indigno de la confianza puesta en él.

Villa, Ángeles y sus demás generales hicieron caso omiso de esta disposición y ordenaron el avance sobre Zacatecas.

Mientras esto sucedía, obedeciendo las ordenes de Carranza, desde el día 10  de junio, el general Pánfilo Natera atacó Zacatecas, creyendo seguramente que no le sería muy difícil tomar la plaza en ausencia de Villa, pero desgraciadamente, no consigue resultados favorables en el combate contra los federales y es rechazado.

El día 12 y el 13, su situación era ya insostenible, el apoyo y los auxilios que espera, no pueden llegar en virtud  de que las vías férreas presentan graves destrozos en muchos puntos infligidos por el enemigo y la División del Norte avanza dificultosamente pues tiene que venir reparándolas.

Un total de 18 trenes  militares constituían el medio de desplazamiento de la División del Norte, su fuerza  era impresionante: estaba compuesta por las brigadas encabezadas por: Maclovio Herrera, Eugenio Aguirre Benavides, Toribio Ortega, Tomas Urbina, José Rodríguez, Calixto contreras, Orestes  Pereyra, José Isabel Robles, Miguel González y Trinidad Rodríguez.

La artillería estaba al mando del general Felipe Ángeles, con 39 piezas y a las órdenes de Federico Cervantes, Manuel García Santibáñez  y Gustavo Bazán.

Los efectivos de las fuerzas  revolucionarias superaban los 20 mil  hombres.

La guarnición federal contaba con 10  piezas de artillería y algo más de 2 mil hombres, al mando del general de División Luis Medina Barrón, la Secretaría de Guerra  ordenó al general de División Antonio G. Olea que con los 3 mil hombres que tenía en San Luis Potosí, marchara de inmediato a Zacatecas, logrando con esto un efectivo de 5 mil hombres a las órdenes de Medina Barrón.

Como comandante en jefe de los generales  Antonio Olea, Jacinto Guerra, Víctor Montes, J. Soberanes, Jacobo Harrotian (armenio nacionalizado mexicano) y de Benjamín Argumedo.

Los  federales  esperaban los refuerzos del general Pascual Orozco  con 4 mil 500 hombres y al General Miguel Ruelas con 3 mil hombres, que formaban parte de la guarnición de Aguascalientes, estos efectivos no llegaron oportunamente para auxiliar a las fuerzas  federales.

Las elevaciones topográficas y lo intrincado de la forma en que discurre la ciudad siguiendo el cauce del Arroyo de la Plata, lo entreverado de sus calles y callejones, dificulta y facilita según sea el caso y las tácticas empleadas, fueron un factor importante en el desarrollo del combate, asimismo, la superioridad numérica de las fuerzas rebeldes fue determinante, su alta moral por las victorias obtenidas en el norte del país, la magnífica coordinación de fuego y movimiento de su infantería y artillería con sus fuegos precisos apoyando el avance y facilitando los desplazamientos de los dragones de caballería, constituyeron la eficacia del arte de la guerra, pues aunque las fuerzas federales integradas por un número reducido en comparación de la abrumadora mayoría de los revolucionarios, sus trabajos de preparación del terreno en una posición defensiva  fuertemente organizada, les permitió permanecer combatiendo ferozmente durante tres días con sus noches, en una de las batallas más memorables de la revolución mexicana.

En el parte que le rindió Pánfilo Natera a Carranza el 29 de junio de 1914, menciona 4 mil 837  muertos faltando todavía de levantar gran parte del campo de batalla.

En entrevista que le hiciera el periódico El Imparcial, de fecha 26 de junio de 1914 al general Villa, este informa que aproximadamente hubo 4 mil muertos y 2 mil heridos; que el combate duró cuatro días y que los federales resistieron con gran energía, que para reabastecer a sus tropas, encontraron  muy escasas provisiones en la ciudad.

En la Toma de Zacatecas, como en muchas otras de la revolución, quedó demostrado como factor decisivo el empleo magistral de la artillería, las bocas de fuego de las baterías del general Ángeles, fueron determinantes para el triunfo de los revolucionarios.

Las federales fueron cuantiosas. La guarnición de la plaza fue prácticamente aniquilada, solamente pequeños grupos lograron escapar hacia Aguascalientes.

Ciudad minera por excelencia desde la época colonial, Zacatecas se convirtió durante la revolución en el centro estratégico militar para las acciones de guerra entre el ejército federal y el constitucionalista, logrando este último el 13 de agosto de 1914, la rendición incondicional del huertismo en la capital de la república.

*Libre pensador, amante de la música, la lectura y el deporte.

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