Opinión

Hablemos de Seguridad… y algo más | Leyes secundarias de la Guardia Nacional

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En términos de leyes nuestro país tiene, sin temor a la equivocación, una amplia normativa que establecen la vida en sociedad y las relacionadas al tema de la seguridad pública no son la excepción…

Diego Varela de León*

La sociedad tiene la necesidad de regular las conductas o comportamientos del hombre dentro de la misma, desde que surge la figura de la propiedad privada en los términos que nos explica Friedrich Engels en su libro El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, cuando comienzan a cometerse delitos contra la propiedad privada, la vida, la libertad sexual, etc., etc.

Y es que, según las teorías del surgimiento del delito, desde su propia gens, este surge cuando el hombre empieza a vivir en sociedades organizadas arcaicamente y, por lo tanto, sin un orden jurídico que regule ningún tipo de conducta antisocial acciones u omisiones que atentaran contra la vida.

En esa incipiente sociedad es en donde los delitos tienen su origen, fundamentalmente cuando el hombre deja su vida de nómada y se vuelve sedentario, teniendo como consecuencia, la aparición de la propiedad privada.

En términos de leyes, nuestro país tiene, sin temor a la equivocación, una amplia normativa que establece la vida en sociedad y las relacionadas al tema de la seguridad pública no son la excepción, el avance en este sentido se viene dando una y otra vez, sexenio tras sexenio, desde la primera reforma de 1994, cuando se establece el Sistema Nacional de Seguridad Pública en nuestro país y, desde entonces a la fecha, ya son cinco lustros y al parecer no terminamos por cristalizar en términos reales algún avance significativo del cual la propia sociedad pueda dar cuenta que está mejor que antes.

El tema del combate a la inseguridad en nuestro país es y seguirá siendo una asignatura negativa en términos de costo-beneficio, pues los delitos de alto impacto, la violencia, los homicidios, secuestros, robos en todas sus modalidades, feminicidios, el combate al crimen organizado, las constantes violaciones a los derechos humanos, una corrupción galopante en todas sus manifestaciones seguida de una falta de cultura de la legalidad, dan al traste con la mejor de las leyes que se puedan dictar al respecto.

La nueva esperanza que existe en torno a la recién nacida Guardia Nacional es donde el actual gobierno está tratando de poner parte de sus expectativas con ese nuevo paradigma en torno a la seguridad publica en nuestro país y la sociedad junto con el mismo gobierno anhela que dichos esfuerzos se cristalicen, pero ¿cómo se cristalizarán dichas esperanzas si a los mismos miembros que integran el recién nacido cuerpo de la Guardia Nacional no se les dan los cauces y garantías legales tanto para su actuación en modos y medios (ley orgánica, ley que modifica el sistema nacional de seguridad pública, ley del uso de la fuerza, ley del registro nacional de detenciones), como para su propia seguridad? Es inaudito que un puñado de legisladores de oposición o aliados que adolecen entre otras cosas del menor conocimiento al respecto, sin la menor experiencia, sin la menor empatía, quieran poner mayor énfasis en temas irrelevantes para los propios legisladores; que sugieran quitar a los miembros de este nuevo cuerpo distintos aspectos que ya tienen ganados, desde su antigüedad, la decisión u obligación de ser de una dependencia u otra por medio una licencia para ser o no ser, sus prestaciones, sus beneficios sociales, etc., etc., dejando de lado lo más relevante, como es la esencia de la propia ley para su actuación, basados en el irrestricto apego a la ley, respeto absoluto de los derechos humanos y el cumplimiento a normas y tratados internacionales.

Si queremos tener resultados distintos tenemos que hacer acciones distintas y no como siempre se hace, que solo en la intención y en la imaginación de unos cuantos legisladores se hagan cambios esperando que en la realidad sucedan cosas distintas, no es posible mandar al combate a elementos que están dispuestos incluso a ofrendar sus propias vidas con una moral diezmada desde el inicio, porque entonces los resultados serán los mismos “haces que medio me apoyas, hago que medio respondo”.

* Libre pensador, amante de la música, la lectura y el deporte.

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