Opinión

Hablemos de Seguridad… y algo más | El país huele a sangre

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“Nuestra realidad es abrumadora, y por ende nuestro país necesita más que nunca se cristalice con urgente celeridad ese cambio de paradigma en el tema de las políticas públicas en materia de seguridad y justicia, pues la ciudadanía en general percibe esa incapacidad que se ha dejado ver a todas luces en los resultados que fueron implementados en sexenios anteriores, y en vez de resultados favorables aumentó la desconfianza en las mismas instituciones”.

Diego Varela de León*

Y una vez más el país se llena de sangre con la muerte de veintinueve personas ultimadas en un centro nocturno en Coatzacoalcos, Veracruz, y viene a nuestra memoria aquel suceso tan lamentable de lo que pasara en el casino Royal, en la ciudad de Monterrey, donde fallecieran 61 personas; recordamos igualmente el asesinato de varias personas en un bar en la ciudad de torreón Coahuila, asimismo la balacera ocurrida en un centro nocturno de la ciudad de Cancún, Quintana Roo, fosas por doquier donde yacen restos de personas que aún sus familiares siguen buscando, violencia contra las mujeres, y así podríamos seguir, mencionando innumerables sucesos que tiñen de sangre nuestra patria.

En estos momentos nuestro país vive momentos complicados y lamentables en muchos temas, como el económico, salud, educación, migratoria, etc.; y por supuesto el tema que nos ocupa de la inseguridad y la violencia galopante de este cáncer que vive y padece nuestro país.

Hoy como en esos ayeres de la postrevolución, esta frase del que fuera secretario de Educación, llamado también el apostos de la educción en nuestro país, José Vasconcelos, días en los que el país vivía situaciones igualmente de mucha violencia, después de un conflicto armado como lo fue la Revolución mexicana, y rezan las crónicas de aquella frase de Vasconcelos cuando en un viaje de ferrocarril preguntó a algunos de sus colaboradores por el olor que tenía México, a lo que algunos de ellos contestaron de manera un tanto poética, y hablaron del olor a tierra y bosques, otros más de la masa y la milpa, algunos más dijeron a fragancias de flores. A lo que el maestro Vasconcelos les dijo un tanto molesto, ¡no señores! El paisaje mexicano huele a sangre, que es lágrima del alma, citando a San Agustín.

Nuestra realidad es abrumadora, y por ende nuestro país necesita más que nunca se cristalice con urgente celeridad ese cambio de paradigma en el tema de las políticas públicas en materia de seguridad y justicia, pues la ciudadanía en general percibe esa incapacidad que se ha dejado ver a todas luces en los resultados que fueron implementado en sexenios anteriores, y en vez de resultados favorables aumentó la desconfianza en las mismas instituciones, dado el cúmulo incalculable de sucesos de inseguridad y violencia que se presentan día tras día en lo ancho y largo de nuestro país, pues en muchas ocasiones dichas instituciones que fueron creadas para “servir”, reproducen patrones de discriminación y abusos que dan lugar a graves violaciones a los derechos humanos en contra de la misma ciudadanía.

*Libre pensador, amante de la música, la lectura y el deporte.

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