Opinión

Hablemos de historia | Juan de Oñate, hijo del conquistador Cristóbal de Oñate

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Mientras don Juan de Oñate se ocupaba de la conquista de aquella lejana provincia, ocurrió la primera sublevación de los indios de Guazamota, que algún tiempo antes estaban sometidos a los conquistadores y tenían por misioneros a Fr. Andrés de Ayala, Fr. Francisco Gil y Fr. Francisco Tenorio

Adrián Fernández Chávez*

Don Juan de Oñate, hijo de Don Cristóbal de Oñate del mismo apellido, fue llamado a México por el virrey para confiarle la importante comisión de ir a pacificar algunas tribus indígenas, que por el norte de Chihuahua habían hecho armas contra los misioneros franciscanos, que algunos años antes tenían sembrada ya la semilla de la fe entre muchos de aquellos salvajes.

El P. Tello refiere que la expedición mencionada se verificó el año de 1582 y que el maestre de campo, don Vicente de Saldívar, que el año de 1574 había venido escoltando a los primeros Jesuitas que llegaron a Zacatecas, acompañó también a don Juan de Oñate, quien según el historiador Frejes salió de México con una sección de tropas para Nuevo México, a donde llegó el año de 1595.

Mientras don Juan de Oñate se ocupaba de la conquista de aquella lejana provincia, ocurrió la primera sublevación de los indios de Guazamota, que algún tiempo antes estaban sometidos a los conquistadores y tenían por misioneros a Fr. Andrés de Ayala, Fr. Francisco Gil y Fr. Francisco Tenorio.

Sucedió que el domingo 4 de agosto de 1584, al tiempo de estar diciendo misa dos de dichos religiosos, comenzaron a llegar algunos grupos de indios robustos y bien armados de macanas, con el fin de dar muerte a los misioneros; pero cómo éstos les predicaron en la lengua de la provincia, haciéndoles comprender el grave mal que harían matando a sus protectores, y cómo desde el día anterior se tenía noticia del motín que se tramaba, los indios referidos se retiraron a las barrancas inmediatas, pero en la tarde volvieron resueltos a consumar su sanguinario intento, entrando al pueblo de Guazamota con gran estrépito y gritos aterradores.

Cercaron luego el convento de Franciscanos allí establecido, dentro de cuya iglesia se había refugiado los PP Ayala y Gil, y comenzaron a prender fuego a la iglesia.

En vano, el infortunado P. Ayala les predicaba con un crucifijo en las manos exhortándoles a la paz; los indios endurecidos le echaron fuera del convento a empujones, hasta que, maltratado de esta manera, uno de aquellos feroces salvajes le asestó tan terrible golpe de macana en la cabeza, que el infeliz sacerdote cayó a tierra casi sin vida, cortándole la cabeza, lo mismo que a un niño indígena que lo acompañaba.

Cuenta el P. Tello que pusieron a cocer dichas cabezas para comérselas, pero que la del P. Ayala no quiso cocerse ni en tres días, por lo cual, renunciaron a su propósito y la dejaron tirada.

Texto editado del Bosquejo Histórico de Zacatecas, Tomo I, Elías Amador, Capítulo LI (1577-1585)

Págs. 262 a 265

Instituto Zacatecano de Cultura, Ramón López Velarde.

Foto de Guillermo Chiu

*Licenciado en Contaduría, apasionado de la historia y tiene gusto por la natación.

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