Opinión

Hablemos de Historia | El resucitado

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Una historia ocurrida en Zacatecas, el 24 de junio de 1914

Adrián Fernández Chávez*

Uno de los carros que conducía a los difuntos hacia las improvisadas huesas, tuvo que detenerse frente al Hotel París, en cuya planta baja se encontraban en esos momentos el general Manuel Medinaveytia, con algunos jefes de la división.

Con la natural curiosidad miró aquel hacinamiento como de 50 cadáveres y pudo percibir que uno de los cuerpos parecía moverse.

Al principio no dio importancia al hecho, atribuyendole a que, por gravedad, buscaba su acomodo el cadáver, como podía hacerlo cualquier fardo, mas como los movimientos contunuasen, creyó entonces él una alucinación de sus sentidos y por tanto lo comunicó así a quienes se hallaban a su lado y frente al carro fúnebre.

No era alucinación sino movimientos reales los que estaba haciendo, uno de los cuerpos allá amontonados, por lo que el general Medinaveytia, creyó que se trataba de algún espía que, finguiendose muerto, observaba los movimientos de las fuerzas revolucionarias.

Se dirigió entonces a los conductores del carro y con voz inperiosa de modo que fuese oída por quién se estaba moviendo, les dijo:

-Estos cadáveres no los entierren, sino quémenlos.

-Muy bien mi general, contestó uno de los conductores del carro.

A penas pronunciadas esas palabras los movimientos que todos habían percibido claramente se acenturaron y uno de los hombres que por muerto se tenía, logró incorporarse y tambaleándose como un beodo, con la mirada extraviada, los párpados entrecerrados y voz ronza dijo:

-¡Fusílenme desde luego señor! ¡Pero no me maten en vida!

El resucitado se incorporó voluntariamente a las filas revolicionarias y se llamaba Francisco Espino.

Fuente: La Batalla de Zacatecas, Darío W. Silva. pág. 50

*Licenciado en Contaduría, apasionado de la historia y tiene gusto por la natación.

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