Opinión

Estado de la cuestión | Sobre la sobrerrepresentación política y el Síndrome de Estocolmo

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En esta relación rehén-captor se puede observar que durante el periodo electoral desfilan los mismos personajes políticos con sus más fieles allegados, siendo parte de una dinámica social que permite que las víctimas sean cautivas de los representantes políticos.

 

Jorge Morales Cardiel*

Villa de Cos, Zacatecas, fue uno de los mil novecientos ayuntamientos a nivel nacional que tuvieron elecciones el pasado 6 de junio, dentro de lo que fuera considerada como la “elección más grande la historia” en México. Para este ayuntamiento hubo trece partidos políticos inscritos para competir por los cargos a renovar, no se presentó ninguna coalición partidista, tampoco se presentó ninguna candidatura independiente. Otro importante hecho es que en Villa se tenga en su pequeña cabecera municipal la sede del Distrito XII, pero de enorme extensión geográfica, pero reducida en población, lo que corrobora el argumento sobre la sobrerrepresentación política, veamos porque.

Lo que usualmente se conoce cómo “sobrerrepresentación” en materia política, es por lo general  cuando un partido político está sobrerrepresentado en términos de escaños dentro de una asamblea o legislación que supere al porcentaje de los votos obtenidos. Un problema que consiste en uno de los efectos más perversos de cualquier sistema electoral, como en la democracia mexicana con las polémicas mayorías relativas asignando el escaño en pugna en un distrito cualquiera al candidato que obtenga dicha mayoría relativa, esto es, el porcentaje de votos más alto sin ningún umbral mínimo.

No obstante, la perspectiva de sobrerrepresentación que aquí se pretende desarrollar, va más por el sentido que tiene que ver con la  “sobrerrepresentación partidista” para comunidades pequeñas y ampliamente politizada cada tres años, durante el periodo electoral. Una situación que hace verdaderamente difícil, prácticamente imposible, encontrar a alguien que no tenga algún interés económico y/o proselitista durante las elecciones, haciendo que nadie pueda escapar de esta dinámica social y por la enorme oferta partidista de parte de los perseverantes representantes políticos.

A la larga esta sobrerrepresentación partidista deriva en efectos perniciosos, porque prácticamente todos en Villa de Cos durante la tramoya electoral se convierten en clientes cautivos del mismo proceso,  ya que de alguna u otra forma vienen participando en las elecciones, organizándolas pasiva o agresivamente, lo que les hace perder el sentido democrático de asistir a las urnas a votar para generar un verdadero cambio social. Ni siquiera se puede decir que se pueda tomar como ventaja esta democracia multipartidista, aun con el amplio abanico de opciones partidista no se pudieron escuchar propuestas reales y congruentes, ni mucho menos válidas para la difícil realidad porque la atraviesa esta comunidad.

Todo lo cual viene generando una aprensiva dinámica socio-electoral, con un comportamiento entre aspirantes al gobierno y votantes que procrea una suerte de “Síndrome de Estocolmo”… sí, por muy extraño que parezca esto. En esta relación rehén-captor se puede observar que durante el periodo electoral desfilan los mismos personajes políticos con sus más fieles allegados, aún sea representando a otro partido político distinto al anterior, siendo parte de una dinámica social que permite que las víctimas sean cautivas de los representantes políticos, quienes persisten una y otra vez en sus intenciones proselitistas sin que haya liberación de esta relación rehén-captor. Por “liberación” me refiero a que mientras continúen las mismas condiciones de atraso social sin permitir que la comunidad pueda avanzar hacia una mejor calidad de vida, no habrá esperanza de un cambio verdadero ni de liberación de la dinámica psicosocial que subyace dentro de este Síndrome de Estocolmo.

De hecho sucede todo lo contrario en Villa de Cos, porque es claro que cada vez hay más inseguridad, desempleo, falta de educación y sobre todo una fuerte carencia de servicios públicos de calidad, lo que remite al vínculo positivo que una víctima aun siendo cautiva desarrolla hacia su captor, esto también es reconocido como un proceso de “identificación con el agresor”, que se convierte en una respuesta emocional automática de dicho apego emocional del rehén hacia su captor (Rizo-Martínez, 2018).

Este vínculo se desencadena cuando la víctima (electoral) en el momento en que el agresor (político) recrea una y otra vez la esperanza de que por el mismo camino de la democracia multipartidista (promesas de campaña) todos los abusos se detendrán y por fin serán “liberados” de sus agresores. Ciertamente parte de la dinámica psicosocial en términos de la identificación para la supervivencia (Fuselier, 1999, citado en Rizo-Martínez, 2018). Lo que equivale a decir que la víctima aterrorizada necesita seguridad, protección y sobre todo esperanza de cambio, llevándole a ignorar el lado negativo del abusador y a adoptar su misma visión racionalizadora de una realidad inalterable y gradual de mejora social, a pesar de la profundización evidente de las condiciones de atraso.

Más allá de su propia opresión, el objetivo de esta población cautiva ante las elecciones políticas podría ser como decía Begon (2014), el bienestar y la adaptación a la justicia, aun siendo temporal y como sea que el justiciero que la posee la trate de manipular, más bien es el anhelo de formar parte de un cargo público y convertirse en perpetrador de los abusos cometidos, lo que hace de esta población el permitir vivir en la positiva relación víctima-opresor.

Por todo lo anterior descrito es que tenemos que la dinámica de la democracia mexicana con la sobrerrepresentación política de las minorías, dentro de un sistema electoral anacrónico, ha procreado razones de fondo a nivel local que son dignas de análisis, incluso en el plano psicosocial, con desenfrenos importantes que repercuten en la elección consiente ciudadana a través de su voto para poder decidir quiénes serán sus representantes.

Bibliografía

Begon, Jessica (2015). What are adaptive preferences? Exclusion and disability in the capability approach. Journal of Applied Philosophy, 32, 241-257.

Cantor, Chris y Price, John. (2007). Traumatic entrapment, appeasement and complex post-traumatic stress disorder: Evolutionary perspectives of hostage reactions, domestic abuse and the Stockholm syndrome. Australian & New Zealand Journal of Psychiatry, 41, 377-384

Rizo-Martínez, Esther (2018). El síndrome de Estocolmo: una revisión sistemática. Clínica y Salud, vol.29 no.2 Madrid.

Licenciatura en Geografía y Ordenación Territorial, Maestría en Desarrollo Local y Territorio, ambas por la Universidad de Guadalajara, México (UdeG). Máster en *Migraciones Internacionales, Investigación, Políticas Migratorias y Mediación Intercultural, por la Universidad de A Coruña (UDC), España. Doctorado en Estudios del Desarrollo, por la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), México. Graduate student award, University of California, Berkeley, The Health Iniciative of the Americas, PIMSA

Email: jorgemcardiel@gmail.com

 

**Las opiniones plasmadas en las colaboraciones son responsabilidad de cada autor, así como su estilo de escritura. Ecodiario Zacatecas sólo es una plataforma digital para darlas a conocer a sus lectores.

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