Zacatecas Dejando Huella

El Retiro, 124 años brindis y de historia

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Fernando Quijas

ZACATECAS, ZAC.- La música que sale de la rockola marca el ambiente en El Retiro, esa atmósfera que desde 1895 lo ha mantenido como una de las cantinas más apreciadas en el Centro Histórico.

Salas, con amabilidad atiende a los grupos de amigos que llegan a disfrutar de una cerveza, mezcal o uno de sus reconocidos vampiros, mientras platica la historia de la cantina a una pareja que recién empiezan a salir juntos.

Es la primera vez que la joven está en El Retiro, por lo que muestra mucho interés en la plática del bartender, a quien le gusta mucho hablar sobre la importancia de la cantina más antigua de la capital zacatecana.

El muchacho, quién junto a Rosario, Alberto y Vic atiende a los clientes, explica que aunque el título de la cantina más antigua lo tiene Las Quince Letras, afirma que esto no puede ser considerado real, debido a que dicha cantina empezó como una tienda, hasta que muchos años después cambió de giro.

Bajo tal fórmula, es por lo que considera a El Retiro como la cantina más antigua de la capital zacatecana, ya que así inició y así se ha mantenido durante 124 años.

Entre las fotografías del Centro Histórico que cuelgan de sus paredes, está la imagen de joven de José Guerra Jacobo, quién fue el segundo dueño de la cantina a partir de 1951 y que desde entonces se sentaba en la entrada, recibiendo a los parroquianos, hasta hace un mes que falleció, a sus 94 años de edad.

El Retiro es uno de los lugares favoritos del Centro Histórico. Con las puertas abiertas para atraer a quienes pasen por ahí y llamando a visitantes locales, como nacionales y extranjeros para entrar a pasar un buen rato en su interior.

A unos pasos de la Fuente de los Conquistadores, este sitio ha sido el escenario en el que se han desarrollado historias muy especiales, como el paso de Pancho Villa y sus Dorados, que quedó marcado con balazos en el techo, que después fue reparado sin dejar huella de uno de los hechos más curiosos de la cantina.

Salas, cuenta también que la cantina era muy visitada por Juana Gallo, vecina del establecimiento, desmitificando la imagen de la mujer, quien realmente se dedicaba a vender taquitos y no andaba en “La Bola”, como se le conocía a los grupos revolucionarios.

Después de haber bebido unas cervezas y probado los famosos vampiros que Salas prepara, la pareja sale feliz, con la sonrisa característica de cuando se descubre algo tan especial. Ellos están haciendo su historia, una más de tantas de las que se viven diariamente en El Retiro.

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