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Día del Abuelo: En mi corazón caben hasta los nietos adoptivos: doña Juanita

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Texto y foto: Tanya Ortiz

ZACATECAS, ZAC.- Para este miércoles, Día del Abuelo, doña Juanita Rodríguez espera que, como cada año, sus nietos la visiten, pero no tanto para festejarla, sino para alegrar su casa con sus juegos y sus risas, aunque a veces la saquen de quicio.

Juanita vive en uno de los condominios de la colonia Tres Cruces desde hace casi 40 años; aquí nacieron sus hijos Verónica, Maribel y Jaime. De ellas tiene cuatro nietos, uno de la primera y tres de la segunda. Está a la espera, respetuosa, de que su hijo desee darle un nieto.

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Cuatro son sus nietos biológicos, pero al menos tiene otros 10 “adoptados”, hijos de vecinas o de amigas, incluso algunos ya son padres de familia y la siguen viendo como una abuela, “y no estoy tan viejita, pero desde siempre me han visto como una mamá postiza y ahora los hijos de ellos, me ven como una abuela”.

Cuando llegan los nietos, de inmediato se escucha “Tita” o “abuelita” y llegan directo a sus brazos, a recibir el cobijo que Juanita les da siempre que los ve, y no hace distingos. Igual abraza a sus nietos de carne que a los de su corazón.

Juanita no es capaz de llamarles la atención con fuerza y con disciplina y sabe que por eso la tienen bien medida, “pero es que a mí nunca me ha gustado regañar a los niños. No es que yo sea una abuela pasalona, solamente que me duele más a mí que a ellos si los llego a regañar o se merecen alguna nalgada. Mejor se los encamino a sus papás”.

Desde joven, por su casa han desfilado muchos niños a quienes se los encargan, en calidad de nana, o simplemente por cuidarlos un rato mientras los papás trabajan o van a algún mandado. En su pequeña casa ha habido momentos en los que se le han juntado ocho o 10 niños y “ahí es cuando me dan ganas de decirles a sus papás que ya se los lleven”.

Sin embargo, luego, cuando su casa se queda sola, el silencio la abruma y desea con todo su corazón tener a toda la chiquillada en casa, aunque rompan cosas con la pelota, griten como desquiciados, peleen por cualquier juguete o salgan llorando por algún golpe o porque al final no los juntaron en el juego.

“Y ahí voy a consolarlos, a dizque regañarlos a todos parejo, tengan o no tengan culpa, a repartir los juguetes o a apapacharlos dándoles algo de comer, de lo que más les gusta y que pueda yo tener en la casa”, explicó.

A doña Juanita le gusta mucho ser abuela, pero no le gusta que le digan así; prefiere que le digan tita o abuelita porque si le gritan abuela, “siento como que no me quieren”.

Van a ser tres años que falleció su mamá, doña Antonia, una venerable anciana de 94 años que hasta el último día de su vida estuvo rodeada de hijos, nietos y bisnietos. “A ella también le gustaba estar rodeada de los niños, nomás que ella sí los regañaba más que yo”.

Así, al menos cada domingo, de su casa brotan gritos de euforia y frustración, pero más carcajadas, pues los niños se la pasan felices con Juanita.

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