Entorno

Despiden con honores a policías abatidos

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Texto: Pedro Luna

Fotos: Édgar Robledo

GUADALUPE, ZAC.- En un silencio que era interrumpido por algunos sollozos y el sonido eventual de una radio de frecuencia policiaca fue despedida Eva Rosario Espinoza, la mujer policía que el pasado miércoles fue abatida en pleno centro de Guadalupe.

En el estacionamiento de la Dirección de Seguridad Pública, ante decenas de policías municipales de Guadalupe y Zacatecas, así como de elementos de Seguridad Vial, bomberos y directores de la corporación policiaca de Calera, Ojocaliente, Zacatecas, el titular de la Secretaría de Seguridad Pública, Ismael Camberos Hernández, entregó una bandera de México a la pequeña hija de Eva.

Con lágrimas corriendo sus mejillas, la niña, acompañada de sus abuelos maternos y otros familiares, escuchó –tal vez sin escuchar-, el mensaje que brindó la regidora Ruth Anakaren Velázquez Saucedo ante la ausencia del alcalde Julio César Chávez Padilla y del secretario de Gobierno Carlos Alberto de Ávila Barrios, quien llegó casi al final del homenaje.

En un breve mensaje se pronunció por unir esfuerzos para que, entre todos, ciudadanos y autoridades, trabajemos en equipo para combatir la inseguridad.

Mujeres policías que colocaron la bandera sobre el ataúd no podían contener las lágrimas al recordar a su joven compañera, caída mientras hacía su trabajo de brindar seguridad a los ciudadanos, aunque alguno, sin remordimientos le arrancara la vida y se llevara su arma y el radio de cargo, no sin antes asesinar a otro policía.

Una a una fueron pasando las guardias de municipales, bomberos, oficiales de vialidad, estatales, metropoles y militares, a rendirle honores y solidarizarse con los deudos de la joven policía. Estaban sus padres, hermanas, sobrinos, esposo e hija.

Al pase de lista, el nombre de Eva Rosario Espinoza se escuchó tres veces en voz de los elementos de todas las corporaciones presentes; Camberos Hernández, acompañado del secretario De Ávila Barrios, entregó la bandera, expresó su solidaridad y ofreció el apoyo necesario a la familia, consciente –tal vez- que no hay palabras que den consuelo y, mucho menos, regresen a su familiar caída en el cumplimiento de su deber.

Del otro policía fallecido, Alejandro Baltazar, se supo que era oriundo de Valparaíso y sus familiares pidieron llevarse el cuerpo, sin que se le rindiera homenaje en Guadalupe; aun así, sus compañeros elevaron oraciones por él, agradecieron y reconocieron su valor y entrega al trabajo.

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