Opinión

Deporte | El deseo épico y de aventura

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José Ortega Ramírez*

En los últimos años se han multiplicado los denominados deportes de aventura. La industria que se dedica a este segmento de mercado ha experimentado un crecimiento exponencial, lo cual pone de relieve que en el ciudadano actual late un deseo de aventura, de épica, un anhelo por todo lo que significa novedad e incertidumbre.

La necesidad de la novedad es propia de todo ser humano, pero también la de plantearse retos difíciles que activen su voluntad. Frente a la continuidad y a la rutina el ser humano necesita cotas de novedad, de incertidumbre, que activen su inteligencia, su imaginación, que le pongan intención. Sin embargo, también ocurre lo contrario.

El deporte aporta varios elementos. Por un lado está la continuidad, el entrenamiento, las rutinas, elementos estos absolutamente imprescindibles para mejorar la calidad técnica y la resistencia física de los deportistas; pero, por otro lado, el deporte también ofrece la novedad, lo incierto, lo inesperado, lo que excita la curiosidad humana.

Ambos elementos se dan en la misma actividad. La ejercitación deportiva es, en muchos casos, una forma de ruptura de la monotonía, pero también puede convertirse en una práctica rutinaria, previsible y repetitiva.

El deporte es una aventura continua que le da a uno la oportunidad de reinventarse cada día. Se reinventa el corredor, el ciclista, el futbolista, también el escalador y el piragüista. Cada ejercicio es único, como lo es cada evento deportivo, pero se repiten los mismos gestos y movimientos. Cuando uno goza con la modalidad deportiva que practica no la vive como una reiteración, como la mecánica repetición de lo mismo, sino como una posibilidad de vivir intensamente, de aprovechar a fondo el tiempo, el espacio, el cuerpo, la salud, la naturaleza, todos los dones que le han sido gratuitamente regalados.

Cada carrera, cada entrenamiento, cada partido es una posibilidad que ofrece la vida para escucharse, para observarse y para crecer. La clave está en realizar cada actividad como si fuera única o, mejor dicho, como si fuera la última. Entonces cada entrenamiento, cada salida, cada partido tiene valor por sí mismo, es algo único y valioso en sí mismo y no sólo el prolegómeno de una futura competencia.

Si el deportista profesional o amateur es capaz de verse en su relación consigo mismo y con sus compañeros, si es capaz de escuchar a su cuerpo, tendrá ante él la oportunidad de que cada día sea nuevo y que le aporte esa novedad y ese estimulo que todos necesitamos. Pero todo eso vendrá siempre desde dentro y nunca desde fuera, como erróneamente se cree, porque el deporte es, ante todo, una fuente de sentimientos y nunca, únicamente, una profesión.

*Escritor y master leader coach del deporte.

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