Opinión

Catenaccio Político | El laicismo en declive

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“El laicismo, lejos de ser un arma contra tal o cual religión, es una garantía del respeto del estado a la conciencia individual y es la base de una convivencia respetuosa con todas las creencias”

Concha Caballero

Manuel Espartaco Gómez García*

“La Luz del Mundo es una organización conocida por su poder de convocatoria. Y la gala nocturna de este miércoles no fue una excepción. A ella acudieron algunos políticos de Morena. Entre ellos el líder del Senado, Martí Batres, y otros dos legisladores de la bancada: Félix Salgado Macedonio y Julio Ramón Menchaca. Los políticos disfrutaron de la música sin imaginarse la polémica que se avecinaba.” El País.

El defender y promover el Estado laico, no nos hace a quien así lo creemos, opositores de las religiones o seres carentes de fe, por el contrario, creemos tanto en la libertad de culto, que por eso respetamos que cada quien crea en quien más le venga en gana, y es precisamente el Estado, quien debe garantizar esta máxima plasmada en la constitución mexicana.

Desde la edad media y tal vez desde antes, el binomio poder-religión dominaron el mundo, en occidente, las culturas madres eran politeístas y su clase gobernante era ferviente seguidora de la adoración a los dioses, a grado tal de obligar al resto de la población a profesar su fe a las mismas deidades. En el viejo mundo, Europa principalmente, los reyes tenían un profundo respeto por el papa, algunos consultaban sus acciones y políticas más importantes con él, y dentro de sus consejeros, siempre había una figura religiosa, primordialmente católica incluida. La propia caída del imperio más poderoso de la historia, Roma, cayó cuando el emperador Constantino se convirtió al catolicismo, y de ahí en adelante el mundo cambió. El pacto del poder religioso se sellaba con el matrimonio por la iglesia entre los reyes y sus descendientes, incluidos los nobles y aristócratas, de tal suerte que, en determinado grado, toda la realeza europea estaba emparentada de alguna manera.

Luego vino la conquista, la llegada de la peor ralea de españoles a México, adoctrinados, eso sí, por los reyes católicos. Sucede entonces que comienza el tortuoso proceso de conversión hacía las creencias madres, sustituidas por la monoteísta europea, con su santa inquisición castigando, mutilando, deformando y matando, cuerpo y conciencia.

Fue hasta 1855 que una tercera generación de liberales, encabezados por Benito Juárez, por cierto, hasta hace unos meses (supongo, porque así lo veo) máximo referente de la justa medianía que promovía AMLO, que se logró la creación del Estado Laico, con la ley Juárez, que fue incluida en la constitución de 1857, que facultaba al Estado Mexicano a legislar en materia de libertad de culto, pero también, marcaba sana distancia con la iglesia. De inmediato vino el coletazo reaccionario del clero, que terminó con el estallido de una guerra civil.

Este antecedente se debe recordar siempre y no es el único ejemplo de lo mal que pueden llegar a pintar las cosas, cuando se combina o se trata de revivir el binomio Estado-Iglesia. Sorprende a propios y extraños, que el nuevo gobierno, con el nuevo presidente “liberal” (desde luego que es lo que menos es), con su gabinete de “izquierda” con sus legisladores de “avanzada” haya mentido, promovido y realizado un evento religioso en la sede más importante de la cultura y las artes de nuestro País, el Palacio de Bellas Artes. Dicho evento con un tufo marcado a conservadurismo rancio, trató de ser ocultado y negado cuando salió a la luz pública, sin embargo, hasta para hacer las cosas mal hay que saber hacerlas y pasó al cada vez más grande y lamentable anecdotario, de la “cuarta transformación de México”. Que, dicho sea de paso, también sucede en los estados y con sus gobernadores, de todos partidos y de todos colores.

Desde este humilde espacio se hace un respetuoso llamado a conservar en su lugar y esfera de competencia, lo público y lo privado, donde entra, en este último, la decisión personalísima de creer o no creer en quien nos venga en gana.

Siempre como el salmón…

*Licenciado en derecho, libre pensador crítico objetivo.

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