Opinión

Bang! | Hablando de…

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Me ha tocado ser tachado de machista por estar en desacuerdo con las cuotas de género y esa forma condescendiente de darle empleo a alguien por su condición de mujer, más allá de sus habilidades o talento, que cuando resulta despedida por su incompetencia podría demandar a sus empleadores por discriminación.

Fernando Quijas*

Qué difícil es hablar de feminismo en estos tiempos en los que cualquier comentario sobre el tema puede ser un detonante para descalificaciones, insultos y hasta mentadas, muchas veces basadas en malas interpretaciones, por parte de quienes están tanto en contra como, sobre todo, a favor del movimiento. Por eso, como quiero mucho a La Jefita, prefiero hablar de otros temas.

Personalmente, las descalificaciones no me afectan. Incluso esta introducción puede generar comentarios como “Pobrecito. Herimos su susceptibilidad de macho opresor porque no puede decir algo del movimiento, pero a nosotras nos están matando y nadie hace nada. ¡Pah!” o “Esto no se trata de ti, sino de las víctimas del Heteropatriarcado”.

Esto último sí es cierto, pero a su vez no, ya que a todos nos ha tocado conocer casos en los que las víctimas son mujeres, así como también hemos estado cerca de acciones de un feminismo mal enfocado. En mi caso en especial, solo puedo hablar por mí y lo que me ha tocado desde mi perspectiva en un círculo muy reducido, como son los medios de comunicación en Zacatecas, sobre el movimiento feminista local.

Me ha tocado ser tachado de machista por estar en desacuerdo con las cuotas de género y esa forma condescendiente de darle empleo a alguien por su condición de mujer, más allá de sus habilidades o talento, que cuando resulta despedida por su incompetencia podría demandar a sus empleadores por discriminación.

Me ha tocado conocer el caso de mujeres muy guapas que han sabido conseguir mejores salarios o prestaciones usando su físico, pero también he sabido de casos de chicas que se tienen que esforzar el doble para demostrar que no son sólo una cara bonita, no solo ante sus jefes, sino a sus mismas compañeras de trabajo para evitar chismes, además de sortear el acoso por parte de sus patrones o el personal con el que trabajan.

Hablando de acoso sexual, he conocido a decididas activistas feministas acosando sexualmente a sus compañeras de trabajo de manera igual o hasta más agresiva que un hombre.

Hablando de lesbianismo, he conocido chicas que fueron invitadas a pertenecer al movimiento feminista en Zacatecas, lo que rechazaron cuando fueron condicionadas de sacar a los hombres de todos los aspectos de su vida, incluido el sexual.

Hablando de hombres, he trabajado con una conocida líder del movimiento que mucho le gusta pregonar el término “sororidad”, pero que buscaba mediante las maneras más descabelladas quitar de su camino a las chicas con las que su amor platónico, al que se refería como “su kryptonita”, mantenía una relación romántica.

Hablando de sororidad, he visto la separación dentro del movimiento feminista entre grandes mentes realmente centradas en sus metas y las formas de llevar a cabo sus proyectos a favor de las mujeres, como chicas cuyo único interés es agredir y polarizar a la sociedad a nombre de una causa que no busca la sana integración de la comunidad.

Hablando de comunidad, quiero que mis sobrinas, o en dado caso hasta mis hijas, vivan en una sociedad en la que el respeto sea una realidad no sólo entre unos cuantos, sino entre todos.

Hablando de respeto, he conocido a muchas mujeres que han sido el ejemplo perfecto de que se puede tener una buena relación con el sexo opuesto, luchando por los mismos objetivos para ser felices.

Quizás no sea yo la persona que deba hablar de feminismo. Quizás no haya logrado entender bien la lucha que viven las mujeres día a día, pero si el movimiento en Zacatecas está basado en contradicciones, hipocresía, separación y polarización, creo que quienes lo conforman tampoco lo han entendido.

Por eso mejor hablemos de otra cosa. ¿Ya vieron Love, Death & Robots? Está chida, ¿verdad?

*Macho opresor que no hace nada. ¡Pah!

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