Opinión

Andar las vías… | Violencia ilegal

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“El quehacer de los niños, según su edad, es estudiar, cumplir sus tareas escolares con el apoyo de sus papás, pero nunca suplirlos en sus deberes hacia sus hermanitos, menos cuando ellos están secuestrados por el Facebook, series, películas, whatsapp, o llamadas telefónicas”.

Luna Morena*

Algunos le nombran castigo, otros correctivo o enmienda; no importa el crédito que le den, lo que importa es cómo ejercen este acto y contra quién. Casi siempre son los pequeños quienes reciben estas descargas de golpes y gritos por parte de sus progenitores; “que porque no hiciste esto, que porque no hiciste aquello”. Debe quedar claro que antes de dar una orden el ejemplo es primordial, y también lo que se diga.

Los niños deben disfrutar su niñez, adolescencia, juventud con sus debidas reglas, y en cada etapa estar al pendiente de su crecimiento con la modalidad que debe ser, nunca descargando sobre él amarguras gratuitas o consignas que tal vez el infante no puede hacer y ni siquiera entiende por qué se le piden; menos aquello que va en contra de su presencia, de sus sentimientos, de su naturaleza. Por estos continuos momentos de ira los agresores son vistos y recordados por esa pequeña, pero suficiente memoria como enemigos, monstruos feos y malos. Además de verlos así, también los describen imitando sus voces, gestos y cintarazos entre sus inocentes conversaciones escolares o en cualquier oportunidad. Como juego suelen mostrar aquel sello donde cayeran los golpes, que el tiempo desaparece del exterior, pero de su ser jamás. Para colmo creen que esa desobediencia debe ser tratada por un psicólogo, o abandonarlo en un internado, puesto que tal actitud esta fuera de lo normal.

El quehacer de los niños, según su edad, es estudiar, cumplir sus tareas escolares con el apoyo de sus papás, pero nunca suplirlos en sus deberes hacia sus hermanitos, menos cuando ellos están secuestrados por el Facebook, series, películas, whatsapp, o llamadas telefónicas.

Por esta educación desacertada existen pequeños con una depresión inmerecida, ni siquiera ellos se dan cuenta lo que están pasando, pero sí dicen que están tristes, les duele el corazón, la cabeza, no quieren comer, nadie los quiere, se sienten solos, sin ánimo de hacer nada. Permanecen en un rincón extrañando su televisión, porque la han tomado como su fiel acompañante en las buenas tan escasas y en las malas, que ahí son estandarte. Para colmo, si no obedecen no les permiten ver la televisión por muchos días.

Es preocupante una vida así contra los indefensos, más cuando hasta para ir al baño tienen miedo y prefieren hacerse sobre la cama, aun permaneciendo despiertos hasta la madrugada con un insomnio inmerecido frente a su fiel televisión, su peluche roto, su cobija, su almohada.

Los niños tienen vida, sentimientos, corazón, memoria. Si hemos sido o estamos siendo absurdos con ellos, esto les vamos a dejar; cuando lo mejor que ellos deben recibir son nuestros abrazos, nuestro apoyo, nuestra protección, nuestro corazón; porque son nuestros, para eso nos fueron dados. ¿Cómo quedaríamos si nos pidieran cuentas?

*Escritora, poeta, promotora y difusora de la cultura. Soy tres estuches de monerías y casi un montón de cosas.

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