Opinión

Andar las vías… | Urbanidad

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Muchas veces, con tu ruido invades tal vez la mitad de una cuadra sin respetar privacidades, ni formas. Cuidado con tu libertad, que termina cuando empieza la de otros, de no hacerlo, las consecuencias no se hacen esperar.

Luna Morena*

Nuestro comportamiento dice todo de nosotros, positivo o negativo; una realidad que habla de raíces sin compromiso ni exactitud porque nos muestra cierta deriva sin reglas de urbanidad. El significado de esta palabra es: buenos modales, educación, respeto, cortesía, responsabilidad. Dejar de ejercer estos preceptos es no sujetarnos a límites obligatorios, como la libertad, que termina donde empieza la del vecino, el amigo, el conocido o desconocido.

Muchas veces, con tu ruido invades tal vez la mitad de una cuadra sin respetar privacidades, ni formas. Cuidado con tu libertad, que termina cuando empieza la de otros, de no hacerlo las consecuencias no se hacen esperar.

Debemos tener claro que las reglas de urbanidad no solo se hablan, también se ejercen y son para todos, desde el momento de nacer hasta toda tu vida, para que agrades, y seas modelo de aprendizaje y reconocimiento, nunca dejando mal el seno familiar, es donde analizamos cuando vemos integrantes descarriados, irreverentes, y pendencieros, muestra que las normas civilizadas les pasaron de noche o tiene una dilatación sorda, por eso límites, responsabilidad, respeto.

Deben ser primero hogareños luego hacia la ciudadanía, quienes aprueban o reprueban todo lo que te crees de pies a cabeza; un “gigante”, pero nocivo y fatal, bien negado a reconocer faltas de ética, carestías de raciocinio con desabasto educativo.

Nadie está de buenas para aceptar tales persistencias, menos que se vayan transmitiendo, lo cual existe en algunas generaciones, siendo el ejemplo que vivieron, y dejar de seguirlo es dañar el molde consanguíneo más el varonil, orgulloso de sus beneficiarios todos valientes y categóricos, así honrando el entrenamiento recibido. Toda una rusticidad agria, escasa de miel y sazón.

Por una urbanidad en orden: confianza, seguimiento, y relación deben estar escritas sobre almohadas, mesas familiares o el lugar donde acuden todos.

En estos tiempos se dificulta el riguroso código que en nuestra niñez existía. Bastaba una mirada de los progenitores para entrar al redil, de no hacerlo la mentada “chancla voladora” aparecía directa y bien certera, sin plazo, ni momentos; era el común denominador para nunca darle a la calle el linaje, es el sitio en donde menos deben estar.

Ahí se centra un dominio indiferente a sentimientos positivos, a ocupaciones fidedignas, a comportamientos acordes con los buenos modales que hablan de la afable crianza, siendo su principal exigencia; así dejarle al mundo personas que lo mejoren, que lo rescaten hasta convertirlo en el mejor norte.

Nada mejor que una cordura sana con respeto y juicio personal, sin conductas de cascara, ni brotes simulados. Su andar debe inspirar respeto, cordialidad, empatía, las relaciones buenas que nacen de la persona sorprenden y deleitan familias, las que no, están lejos de nunca tomar parte de la urbanidad que luce.

* Escritora, poeta y promotora y difusora de la cultura. Soy tres escuches de monerías y casi un montón de cosas.

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