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Andar las vías | Recuerdos que obnubilan nuestros ojos

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Los fanáticos de Kalimán, en su pretérito apogeo, compartíamos la continuidad de sus aventuras

Luna Morena*

En mi andar las vías que me encuentro a Kalimán, el hombre increíble, en un puesto de revistas, y para recordar viejos tiempos decidí sentarme bajo la sombra de un frondoso pinabete donde una a una me fui dando lectura a sus aventuras recientes, sabiendo bien que las anteriores yo las conocía de principio a fin; siendo hoy parte interesante de la historia, de muchos diálogos entre familias, queriendo imitar su voz, sus hazañas, pero faltándoles el punto principal de lo increíble, y esos ojos azules nunca vistos.

En una sombra como ésta, por allá en las comunidades de mi municipio, los fanáticos de Kalimán en su pretérito apogeo, compartíamos la continuidad de sus aventuras, ya fuera la que escuchábamos en la radio, o la que habíamos leído en la revista. Algunas veces bromeábamos imitando los poderes del hombre increíble con los que lograba derrotar a ejércitos numerosos de gandallas.

Eran los tiempos más bonitos que este mundo ha podido tener, así como en muchos lugares era notable la ingenuidad, la obediencia, la respetabilidad, el compartir, ya fueran las puntillas en la escuela, gomas de borrar, sacapuntas, muñecas, juguetes, revistas de historietas, destacando la que ahora estoy citando. Para que los enviciados pudiéramos leerla, quien fuera a la ciudad era obligación que la comprara cada ocho días, y después la fuera prestando según la lista que se tenía programada.

Cualquier banqueta sombreada era comodidad de nosotros los lectores. Mientras tocaba el turno de cada quien, jugábamos canicas, el trompo, balero, yoyo, manos tropicales, y tablas con cuerdas. Un día la revista llegó con un estreno, conquistando el miramiento de todos desde el primer ejemplar; yo con mi gusto por las águilas, no dudé en leer Águila Solitaria, personaje que volaba con la complicidad del viento; siendo éste su mayor poder ante los bandidos que entre su transitar iban apareciendo. Ahora el gusto por esta lectura era doble, y con la sana convivencia adaptada entre amigos, primos, compañeros y conocidos nos hacía sentirnos entre familia. Pocas veces surgían las contiendas, las desavenencias, y una que otra queja. Triste para quienes las provocaban; se quedaban encerrados en sus casas, perdiéndose de estas reuniones ya tan habituadas, consentidas, y bien constituidas.

Terminando con la sana lectura, quien la había comprado la ponía en manos del papá, porque tocaba el turno de prestarla a los jefes de familia, mientras nosotros continuábamos con nuestros juegos, felices y empolvados.

Aquella niñez respetuosa, obediente, nos hemos convertido en papás, y nuestros hijos nada que ver con los de antaño. Son pocos los que tienen el gusto por la lectura. Kalimán y Águila Solitaria al ver tanto desinterés para ser leídos silenciaron su asiduo movimiento.

 

*Escritora, poeta y promotora y difusora de la cultura. Soy tres estuches de monerías y casi un montón de cosas.

Síguela en Youtube: Antologías ferrocarrileras

En Facebook, como Luna Morena Lecturas que Contagian

y en lunamorena.com.mx

 

*Las opiniones plasmadas en las colaboraciones son responsabilidad de cada autor, así como su estilo de escritura. Ecodiario Zacatecas sólo es una plataforma digital para darlas a conocer a sus lectores.

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