Opinión

Andar las vías… | Otra oportunidad

• Bookmarks: 48


La gente, los galanes lo sabían, y se hacían presentes para deleitar la pupila, y encontrar la siguiente novia según indicara cupido, así invitarle algún antojo de la santa vendimia distribuida en aquel campo de importantes acontecimientos, tan de San Agustín de Melillas.

Luna Morena*

Cuando la propaganda de cualquier localidad se apoya en sus hábitos y estos le permiten un mantenimiento mejor, vale darle una continuidad necesaria con el énfasis requerido, más cuando es el único conveniente para seguirse quedando.

Tal es el caso de conocido místico terruño con restos de haciendas empedradas, donde los días santos eran sus generosos días. Mas el sábado de gloria por muchos previsto, por eso frecuentado. Y es que cuando hay fiesta, como  la gente viste sus mejores atavíos cambia la presencia de pies a cabeza.

Esto empezaba cuando el sol perdía fuerza, había que romper la piñata en figura de chamuco, todos se ponían en fila para poder participar. Luego daban su momento a la danza de mujeres bien uniformadas con su baile aprendido por eso tan armoniosas, además de bellas. Esta participación era conocida entre convecinos, como la hora de efectuarse. La gente, los galanes lo sabían, y se hacían presentes para deleitar la pupila, y encontrar la siguiente novia según indicara cupido, así   invitarle algún antojo de la santa vendimia distribuida en aquel campo de importantes acontecimientos, tan de San Agustín de Melillas.

Bien distinto a lo conocido, aquí las participantes se comprometían a ensayar aquellos bailes con meces de anticipación.

A las 20 horas, la comunión total llegaba con el baile amenizado por algún grupo musical de la región. Los bailadores tenían que pagar su respectiva entrada, había que seguir conquistando. Pero esta derrama tan efectiva, por comentada perfidia dejó de ser, mejor precavidos que de otra forma. 

Continúa extrañándose por la gente que en su tiempo participaran de gallo a grillo, con un entusiasmo tan floreado, y esplendido. Todos gratificados al gusto. 

Así el acabamiento

Encuentros… despedidas… así la existencia; ignorando si cada día para nosotros llegará el siguiente con su  tránsito colorido o un quebranto inevitable, para el cual nadie estamos preparados aun sabiendo que es lo más seguro con que todos contamos; y cuando ocurre… cambia la vitalidad, la compostura, y tu norte se regresa haciéndote  guante de un severo desinterés a cualquier actividad porque estas prendido sobre aquéllas interrogantes de respuestas imposibles.

Tengamos presente que ninguna condición encierra la supervivencia; sigue sucediendo, con todos sus instantes en altas y bajas, sin considerar nada de lo que entre la ciudadanía acontezca; puesto que aparece inesperada, arrasando y dueña. Así la voluntad infinita única que decide el turno siguiente hacia ese después tan indeseable, tan desmedido, que nada, ni nadie podemos evitar.

Detiene historias… heroísmos; los recuerdos quedan…las pertenencias. El banco de sus descansos, sombrero, bastón; y aquel violín tan del corazón que a los 12 años con sus manos formara. Luego poniendo la nota vespertina de cuatro cuerdas sobre el eco inteligente, correspondiendo fiel a tal destreza de noventa años. Toda lírica, natural, sublime; a pesar de sus hombros caídos, andar fatigado, mirada y aspecto triste, pero echando percha inocultable de orgulloso campesino.

En todo momento noble, sensato, genuino, y con una integridad en estos tiempos poco habitual. Seguirá viviendo entre veredas de tierra, entre milpas y apriscos llenos de sol, porque ahí compartía sus canciones aprendidas aquel músico agricultor todo familiar; distinguido, amigo, vecino frecuentado, compañero, ciudadano. Pero a toda ley tú. Eres para siempre.    

* Escritora, poeta y promotora y difusora de la cultura. Soy tres escuches de monerías y casi un montón de cosas.

48 recomendaciones
101 views
bookmark icon