Opinión

Andar las vías… | Mamá distinguida

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“Pensando en el cómo solucionar ese problema, muy de madrugada se puso a barrer frente a su vivienda para distraerse de aquélla preocupación. Viendo que dos de sus vecinas tenían algo de basura, se acomidió a barrer, puesto que nada le costaba hacerlo”.

Luna Morena*

Muchas veces en nuestro peregrinaje encontramos gente con quien, sin conocerla, nos ponemos a dialogar, y hasta terminamos contándole nuestras intimidades con fondo musical. Esta ocasión tuve el gusto de conocer a una persona que, la verdad, me pareció interesante compartir su lucha diaria con dos hijos qué cuidar, mantener y hacerlos ciudadanos confiables.

Después de una separación, el progenitor abandonó su responsabilidad con dirección desconocida, dejando al aire lo más preciado de la existencia sin nada de pesar, ni lástima.

Ella sólo tenía sus brazos y un corazón a ocho columnas con el que llegó al cuarto donde un par de inocencias la esperaban, plenos de gusto y confianza.

Se terminaban los víveres, vendrían mañanas necesitando esa continuidad que hasta hoy nadie ha soportado, y quienes han tenido que pasar por eso terminan de existir. Pensando en el cómo solucionar ese problema, muy de madrugada se puso a barrer frente a su vivienda para distraerse de aquélla preocupación. Viendo que dos de sus vecinas tenían algo de basura, se acomidió a barrer, puesto que nada le costaba hacerlo.

Nunca pensó en propinas, ni en otras dádivas, sólo hizo un favor que sus vecinas agradecieron llevándole algo de dinero. Otro día hizo lo mismo, pero aumentó su labor recibiendo pequeñas pagas que le servían para mucho. Así continuó todos los días por buen tiempo, tanto que un señor dueño de una tortillería sabiendo que era confiable, además de saber su necesidad, le pidió que fuera a limpiar su negocio por las tardes, recibiendo por esto una compensación semanal.

Luego de muchos meses en esta situación, un ingeniero industrial la invitó a hacer limpieza frecuente a una fábrica de maquila donde era dueño. Por cierto, dice que hacían pantalones para todas las edades y de muchas tallas, como se los daban más baratos compraba para sus hijos, quienes asistían a la escuela conforme a sus edades.

Claro que tenía problemas (como todos los tenemos), a veces de salud, a veces económicos, más en la preparación de sus hijos, puesto que aprender para mejorar ocasiona gastos pesados e inevitables. Era cuando recordaba al que había sido su compañero por años, pero sólo para condenarlo por desobligado, además de olvidar que tenía un deber común, para ser cumplido en el bienestar de los hijos.

Salir de ese estado se le hacía bastante difícil, para ella no pasaba el tiempo, menos cuando pedía más horas de trabajo. Pasó el tiempo y con esto llegó la graduación de su hijo mayor, de su profesor. En aquéllos años no era difícil acomodarse en una escuela, así que en escasos meses el joven fue consignado a su primer trabajo, ayudando con los gastos de su hermano. Esto fue de gran alivio para ella, además de llenarla de orgullo y felicidad. Su esfuerzo estaba frente a ella, quien a pesar de penurias y agotamiento, nunca tiró la toalla. Como mamá estaba ahí arropando a sus hijos sin pensar en nada, ellos eran primero hasta su independencia.

En un festival de la mamá su profesor la llevó a donde daba clases, y que se aparece el desaparecido hecho un anciano como suplicando perdón. Tal vez entendió que ya no era necesitado, teniendo que retirarse al son de una marcha anunciando el primer bailable.

Ahora está jubilada, es abuela, bien orgullosa de hijos y nietos. Dice que las dificultades que pasó fueron la mejor preparación para tan insuperable fin.

*Escritora, poeta, promotora y difusora de la cultura. Soy tres estuches de monerías y casi un montón de cosas.

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