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Andar las vías | Charlando con mamá acerca de las vacunas

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Ahora que las vacunas las envían casi a nuestras casas, muchos no las quieren argumentando cada tontería como si tuvieran la verdad sobre sus manos

Luna Morena*

Cuando recibí mis vacunas, no pude evitar que mi madre volviera a mi recuerdo con las conversaciones acerca de su rústica comunidad, pero bendecida con lluvias a su tiempo tan importantes para las cosechas, porque de eso dependía que las personas de la comunidad tuvieran alimento seguro, y una economía para irla pasando.

Ni hablar de automóviles, nadie tenía uno, ni siquiera una bicicleta. Para ir a la ciudad caminaban hacia la deplorable carretera a ver si de casualidad pasaba un raite. Si ese día no tenían suerte, otro día, y cuantos fueran necesarios hacían lo mismo, hasta que ocurría (para ellos) el milagro. Esto era como una pasarela que se hacía antes de salir el sol en cada comunidad circunvecina.

Pero este transitar divertido hasta cierto punto, se convertía en suplicio, cuando necesitaban vacunar a los niños. Como el tiempo apremiaba, la desesperanza se iba notando en cada rostro de los papás que tenían esa urgencia; sabiendo la importancia de ganarle al tiempo. Quienes contaban con un borrico lo aprovechaban, y sobre él se desplazaban a la ciudad cercana tardándose tres días para llegar, pero era mejor que nada.

Entre los responsables de familia entendían cuando su ánimo comido por el tiempo se iba desvaneciendo, abriéndole paso a lo que nadie quisiéramos que sucediera. Sin haber sido vacunados en el plazo preciso, los pequeños enfermaban de tisis (enfermedad bacteriana grave y mortal por afectar los pulmones), sarampión, enfermedad peligrosa, con necesidad de un diagnóstico médico, porque de no haberlo y sin medicamentos acertados ocurría el triste desenlace. Igual sucedía con la tosferina, poliomielitis, o polio, como también se le conoce.

Era tan triste (continúa mi mamá) que los niños no recibieran a tiempo estas vacunas. Conociendo los síntomas de estos virus, sabíamos que en aquel pueblo todo rústico, nada se podía hacer en favor de nuestros hijos, a menos que Dios nos hiciera el milagro.

Con dolor grande en el corazón, infinidad de veces atestiguamos que los pequeños nacían sanos, pero faltándoles la vacuna de la polio (enfermedad viral que puede afectar los nervios con parálisis total o parcial), era imposible evitar el daño que ésta causaba a su crecimiento y a su manera de vivir; acentuándose más al asistir a la escuela, porque sus compañeros no los veían con buenos ojos.

Ahora que las vacunas las envían casi a nuestras casas, y además tenemos la facilidad de trasladarnos donde se están aplicando, muchos no las quieren argumentando cada tontería como si tuvieran la verdad sobre sus manos. Esas vacunas (dicen los talentudos) son una infame mentira, nos pondrán un chip para tenernos controlados y vigilados, por medio de grandes y novedosos sistemas sincrónicos. Nos saldrán brazos con tenazas de cangrejo, tres ojos; andaremos convertidos en zombies, en marcianos, en extraterrestres, luego nos llevarán a otro planeta sobre unas naves que ya tienen preparadas (que nos den tiempo de preparar maletas).

A mediados del siglo XIX, se decían cosas negativas de la vacuna para la viruela, los clérigos prohibieron que la gente la usara por ser anti-cristiano, ya que había sido hecha con animales. Aún en pleno 2015 hubo niños en España que fallecieron de difteria, culpa de los papás por hacerle caso a quienes hablaban en contra de las vacunas, sabiendo que salvan vidas. Sin dudar nada y con mucha fe me he vacunado, y cada que amanece me reviso a ver si ya me volví marciana con tres ojos, también me asomo a la ventana a ver si ya me llevan sobre una de esas naves rumbo a otro planeta. Eso dicen… que dicen… que les dijeron…

 

*Escritora, poeta y promotora y difusora de la cultura. Soy tres estuches de monerías y casi un montón de cosas.

Síguela en Youtube: Antologías ferrocarrileras

En Facebook, como Luna Morena Lecturas que Contagian

y en lunamorena.com.mx

 

**Las opiniones plasmadas en las colaboraciones son responsabilidad de cada autor, así como su estilo de escritura. Ecodiario Zacatecas sólo es una plataforma digital para darlas a conocer a sus lectores.

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